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La AEU comienza una reforma temeraria: limpiar del crimen la Huelga de Dolores
Por Javier Estrada Tovar - Guatemala, 8 de marzo de 2019

Bajo el asedio del crimen organizado, Lenina García y su equipo de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) quieren hacer una reforma profunda de la Huelga de Dolores —una tradición de 120 años en la USAC— para acabar con la extorsión y la violencia en el campus.

Miles de jóvenes, mochilas en hombros, caminan por los pasillos y jardines de la USAC, conversando y riendo, comiendo o viendo sus celulares. Pero más allá de su alegría por compartir entre amigos y las fiestas universitarias, o su preocupación por los cursos y las calificaciones, en el campus central de la universidad hay un problema de seguridad que pone en riesgo a toda la comunidad.

En los parqueos y en las aulas de la universidad, y en las calles aledañas, desde el 6 de marzo hay personas vestidas con sotanas y capuchas que se hicieron con el control de los parqueos, para hacer cobros ilegales, y que además extorsionan a estudiantes, profesores y comerciantes.

Todos tienen que pagar a los encapuchados una ‘cuota’ para poder entrar y estar en paz en la universidad. Y quienes se oponen saben que serán blanco de amenazas e intimidaciones, que pueden llegar a ataques físicos. Así es como muchos se juegan la vida en la USAC.

Se llaman a sí mismos ‘huelgueros’ e intentan justificar sus actos ilegales diciendo que están recolectando dinero para la Huelga de Dolores, una de las tradiciones más arraigadas en la USAC. Pero eso no es cierto, dice Lenina García, secretaria general de la AEU.

Son personas que actúan al margen de la ley. Están extorsionando a las personas que entran a la universidad en sus carros, y muchas veces también a los que van a pie. Además, cobran a los comercios un ‘bono huelguero’, que en realidad es una extorsión. Y para todo usan la violencia—, explica Lenina García.

Un vendedor informal cuenta que tuvo que pagar los Q100 que los encapuchados le exigían para que le dejaran vender donas y pasteles en los pasillos de la universidad. Y eso no fue suficiente para que pararan las intimidaciones. Luego, otro grupo de encapuchados se acercó y le pidió Q150, con la advertencia de que que si perdía el comprobante de ‘pago’ debía dar otros Q150.

La situación se pone difícil como si fuera una zona roja—, dijo el vendedor, quien pidió no ser identificado por seguridad.

Pocas personas se atreven a denunciar abiertamente esta situación porque no quieren poner en riesgo su seguridad. Pero desde al anonimato hay muchas voces de estudiantes, profesores, administrativos y comerciantes que denuncian la inseguridad en el campus en la época de la Huelga de Dolores.

No hay una forma para calcular el flujo de dinero que los grupos de encapuchados ganan con la extorsión, pero hay que poner un alto, dice Enrique Hernández, secretario de Finanzas de la AEU. Y el plan ya está en marcha.

“Me encañonaron en la USAC”

La Huelga de Dolores consiste en una serie de actividades políticas y satíricas que se realizan durante toda la Cuaresma para criticar a la clase política y a los sectores más conservadores y poderosos del país. El evento más importante es el Desfile Bufo que se realiza el Viernes de Dolores, antes de la Semana Santa.

La Huelga empezó en 1898 durante la dictadura de Manuel Estrada Cabrera en un intento del régimen por hacer una mínima concesión a la libertad de expresión. Desde entonces pasaron 120 años y la tradición cambió en varios aspectos, principalmente entre 1960 y 1996, durante el Conflicto Armado Interno.

El Ejército y la Policía Nacional desaparecieron y mataron a cientos de universitarios que denunciaban los excesos de las dictaduras militares; eso obligó a los participantes de la Huelga de Dolores a cubrirse con capuchas, para protegerse y evitar ser víctimas de persecución política. Pero esos tiempos ya pasaron.

Amparo Gómez, secretaria de asuntos universitarios de la Asociación de Estudiantes de Ciencias Políticas, aclaró que los estudiantes guardan mucho respeto por las capuchas, que son un símbolo de la represión a los sancarlistas en tiempos de la guerra interna. Pero ahora ya no son necesarias.

Antes los estudiantes se cubrían el rostro para que no los persiguiera el Estado dirigido por dictadores, cuando la USAC era una voz crítica de los poderosos. Hoy los que usan la capucha solo quieren procurar impunidad y garantizar negocios ilícitos—, dijo Amparo Gómez.

No se puede determinar con precisión quienes son los encapuchados, pero estudiantes organizados y egresados de la USAC sostienen que ahí participan integrantes de antiguas organizaciones estudiantiles, que ponían resistencia para celebrar elecciones y elegir a nuevos integrantes en la AEU.

Lucía Ixchiú, egresada de la Facultad de Arquitectura e integrante de la organización USAC es Pueblo, dice que los encapuchados son miembros de grupos paramilitares que se resistían a dejar la AEU, hasta que fueron desplazados del poder con las elecciones libres que llevaron a Lenina García a la secretaría general en 2017.

A mí me encañonaron en la USAC en el 2013, cuando yo era parte de un movimiento estudiantil que quería empezar a recuperar la AEU y las asociaciones de estudiantes de distintas facultades. Cuando vieron que éramos una amenaza para sus intereses, un día nos golpearon y nos sacaron del campus mostrándonos sus armas—, recuerda Lucía Ixchiú.

El silencio cómplice

El rector Murphy Paiz y el Consejo Superior Universitario, las máximas autoridades de la USAC, ya están al tanto de las denuncias de la AEU sobre los encapuchados y sus actividades ilícitas. Y hasta ahora se han quedado de brazos cruzados.

Los responsables de comunicación de la USAC no respondieron al pedido de una reacción.

Por eso la AEU está organizando una reforma a la Huelga de Dolores, en la que los estudiantes no usen capuchas, ni hagan cobros ilegales o amenazas a la comunidad universitarios. Tampoco pedirán dinero por el uso de parqueos o a los comerciantes, y no aceptarán el aporte que en años anteriores se ha hecho de la Universidad.

Enrique Hernández, secretario de Finanzas de la AEU, explica que por primera vez la Huelga de Dolores será financiada totalmente con aportes voluntarios de los participantes y con la autogestión de recursos. Y promete que será totalmente transparente.

Sabemos que antes del 2017 había millones de quetzales en medio de la organización de la Huelga. Era un negocio para unos pocos y nosotros queremos acabar con eso. Queremos rescatar el espíritu de la Huelga de Dolores, que es cuestionar y reírnos de los poderosos—, sostiene Enrique Hernández.

Los intentos para reformar la Huelga de Dolores no están exentos de violencia. En el 2018 un grupo de encapuchados atacaron y amenazaron con armas a los estudiantes que preparaban las carrozas del Desfile Bufo en el Paraninfo Universitario. Incluso, un activista en derechos humanos y estudiante egresado de la USAC fue herido en la cabeza en ese evento.

Los cambios son progresivos y sabemos que cada vez más estudiantes están interesados en que las cosas cambien. Así que vamos a cambiar las cosas para recuperar esta tradición, puntualizó Hernández.

Fuente: www.nomada.gt


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