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Agresiones impunes
Por Lorena Seijo - Guatemala, 29 de noviembre de 2004

Casos de violación y asesinato de mujeres podrían conocerse en la CIDH

Las mujeres sufrieron graves vejaciones durante los años del conflicto armado y muchos casos no han sido denunciados. Foto Prensa Libre: Archivo.
La constante impunidad en los casos de violación y asesinato de mujeres en Guatemala ha provocado que éstos sean llevados a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

“La impunidad sobre las agresiones contra mujeres existe desde el conflicto armado interno y sigue vigente, pues el Estado no se responsabiliza”, señaló Yolanda Aguilar, defensora de los derechos humanos.

El problema surge porque, primero, no hay confianza de las víctimas en el sistema judicial y, segundo, no existe la sensibilidad suficiente de las instituciones para atender a las víctimas.

El Ministerio Público (MP) ha recibido más de tres mil denuncias de violación, pero la mayoría no ha llegado a sentencia. La mayor parte se basa en testimonios y no en pruebas físicas.

Según las organizaciones que trabajan en el tema, la falta de conciencia de jueces y fiscales sobre el problema genera una total indefensión de las víctimas.

Lo mismo sucede con los 440 casos de asesinato de mujeres que van en el año. Esto ha llevado a varios grupos de derechos humanos al convencimiento de que estos procesos deben ser conocidos por la Comisión Interamericana y, luego, por la Corte.

El Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil) se encargará de presentar los casos de asesinato.

Pasado y presente

La impunidad en los casos de mujeres no es sólo un fenómeno del presente. El informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) registra durante la guerra interna más de mil 465 denuncias por violación, que continúan impunes.

“Las mujeres víctimas nunca han recibido apoyo, y muchas han muerto por falta de tratamiento y aisladas por su comunidad”, afirmó Aguilar. Estos casos también podrían ser conocidos por la CIDH.

Durante el conflicto armado, los responsables eran integrantes del Estado, algo que agrava el delito.

En la actualidad, varios agentes de la Policía Nacional Civil han sido denunciados también por violación sexuales.

“Mientras los agresores no sean conocidos, seguirán actuando; si no se puede conseguir justicia en Guatemala, habrá que buscarla afuera”, afirmó Aguilar.

Al grano: Cifras de la vergüenza

Según el informe de la CEH, durante el conflicto armado:

Se registraron mil 465 hechos de agresión sexual. Sólo constan los que fueron denunciados.

El 35% de las víctimas fueron ejecutadas después de haber sido agredidas sexualmente.

El 88.7% de las víctimas son de origen maya.

El 62% eran adultas, el 35% niñas y el 3% ancianas.

Los picos más altos de violaciones sistematizadas se dieron entre 1980 y 1983, coincidiendo con la política de tierra arrasada.

Los autores denunciados por los testigos corresponden a miembros del Ejército (89%), patrulleros civiles (15.5%) y comisionados militares (11% ).

En la actualidad se reportan más de tres mil casos al año. La mayoría no llega a juicio.

En silencio: Denuncia

El miedo y la vergüenza son efectos directos de una agresión sexual. Y si el atacante es una persona conocida, aparece el terror.

Es el caso de 15 mujeres de Palín, Escuintla, que fueron violadas. Reunieron la fuerza suficiente y decidieron solicitar apoyo a una organización de mujeres.

Acompañadas por activistas de derechos humanos, decidieron a denunciar sus casos. Cuando estaban a punto de hacerlo en la PNC, varias reconocieron a uno de los oficiales como su agresor. Entonces perdieron las fuerzas y el caso quedó en la impunidad.

La mayoría de estas 15 mujeres son trabajadoras de maquila que no pueden permitirse el lujo de dejar su empleo y pagar los costos legales del proceso.

Ahora, ninguna quiere hablar. “No nos ha valido de nada contar nuestra historia, sólo hemos logrado amenazas y aumentar el dolor”, dicen. Por lo menos dos de ellas han huido a Estados Unidos.

Fuente: www.prensalibre.com


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