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Guatemaltecos claman por "un buen corazón" para mitigar drama
Por RC/Ulises Canales L. - Piedra Grande, Guatemala, 7 de noviembre de 2005

Los ojos de Juana Antonia Ramírez y Rosaura Robledo Ruíz revelan la amalgama de sentimientos que abaten hoy a los habitantes de este aldea de Guatemala, tras el paso devastador de la tormenta Stan.

Desde hace 32 días, cuando las lluvias asociadas a ese meteoro provocaron un alud de piedras y lodo desde lo alto del cerro Serchil, ambas mujeres convirtieron en rutina cotidiana la búsqueda de sus seres queridos.

Como ellas, hay familias en las 17 aldeas y 83 caseríos del municipio de San Pedro Sacatepéquez, cabecera del occidental departamento de San Marcos, que lloran a los 83 muertos y 16 desaparecidos a causa del peor desastre natural sufrido por este país.

Cifras de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) refieren que el meteoro causó en toda Guatemala 670 muertos, 386 heridos y 844 desaparecidos, pero lo números languidecen ante el drama humano que se palpa en el rostro de los pobladores.

"Lo que más pedimos es un terreno, que es con lo que no contamos, queremos que haya un buen corazón que nos ayude porque perdimos todo, ni un trapo conseguimos sacar", comentó Ramírez señalando un sitio impreciso donde hace un mes estuvo su casa.

Robledo, por su lado, apela a la ayuda con aperos de labranza, maquinaria o de expertos forenses para rescatar los cadáveres de un hermano de 10 años y de dos primos, de 19 y cinco años.

En un paisaje que semeja el más cruel y despiadado bombardeo, un nylon de color rojo es la señal de que las rocas, la tierra y los troncos de árboles arrancados de raíz sepultaron una casa, segaron un esperanza y ahondaron una situación de pobreza ya acentuada.

En el caserío Dolores Providencia, situado unos 270 kilómetros al oeste de la capital guatemalteca, se reportaron 52 muertos y seis desaparecidos, cinco de ellos niños, mientras en el vecino Ojo de Agua, también de la aldea Piedra Grande, los estragos dejaron un saldo de 16 fallecidos y un desaparecido.

Pobladas por indígenas mayas de la etnia mam, estas localidades de San Pedro Sacatepéquez sufren aún por el desabastecimiento de alimentos y falta de agua potable, así como por enfermedades como diarreas, respiratorias y cutáneas (micosis).

Para Jaime Velásquez, quien asegura estar "en otra vida" pues atribuye a un "milagro divino" no haber muerto junto a su esposa cuando la correntada de agua, lodo y piedras arrastró su vivienda unos 100 metros, "el dolor nunca desaparecerá, pero la ayuda oficial y foránea puede aliviarlo".

En diálogo con Prensa Latina, Velásquez, quien reside ahora junto a su suegra y sus cinco hijos, señaló que al menos 409 familias perdieron sus casas, en tanto al menos otras 42 sufrieron daños de consideración, por lo que la principal necesidad, además de la alimentaria, es la reconstrucción de viviendas.

Marco Antonio Orozco, alcalde de San Pedro Sacatepéquez, precisó a este reportero que en todo el municipio 58 casas desaparecieron, 258 sufrieron daños parciales y 777 algún tipo de afectación leve.

El calvario es compartido, la psicosis es generalizada y el miedo no cede, aseguró Cristina María Miranda, quien ya perdió la esperanza de hallar vivo a su hijo de nueve años y cuando siente una llovizna o la neblina, lejos de refugiarse, sale corriendo por temor a un nuevo deslave.

Mynor Gómez, alcalde auxiliar de Ojo de Agua, asegura que muchos sufren traumas psicológicos, dicen escuchar o ver a fallecidos, entablan conversaciones con difuntos, o corren al menor ruido temerosos de que algo les venga encima.

El anecdotario de desgracias se repite por doquier y resulta interminable, indicó Joel Sales, quien nunca pensó que regresaría de Estados Unidos apenas tres meses después de llegar allá como indocumentado en busca de bienestar económico para su familia.

Sales retornó con ayuda del consulado guatemalteco en Miami a los tres días de la desgracia, para sepultar a su esposa Imelda de León y a su hija Yusly Sales, de ocho años de edad. "Ahora solo me queda un varón de ocho años", dice resignado.

Fuente: www.prensalatina.com.mx


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