La crisis en el sector de la salud de Guatemala se agrava hoy tras la decisión de los médicos de extender el paro parcial a todos los hospitales y las amenazas del gobierno con despedir a los huelguistas.
El paro en demanda de insumos, equipos y medicamentos es el segundo registrado este año y afecta las consultas externas de por lo menos cuatro centros asistenciales, entre ellos el emblemático hospital Roosevelt de esta capital y el regional de Quetzaltenango.
Otros, como los del municipio de Amatitlán, en el departamento de Guatemala, y los de Escuintla y Chimaltenango, decidirán en las próximas horas si se suman a la protesta.
El presidente Oscar Berger y el ministro de Salud Marco Tulio Sosa advirtieron que sustituirán a los galenos si no regresan a sus labores.
"Los que no deseen trabajar, vamos a recibir su mensaje y los vamos a reemplazar", dijo la víspera el mandatario.
Pero los médicos aseguraron que las carencias del sistema de salud no se solucionarán con despedirlos.
"Los problemas de desabastecimiento están ahí, nos sancionen o no", declaró Sergio Morales, uno de los dirigentes de la huelga.
El conflicto comenzó el 9 de junio, cuando los residentes iniciaron un movimiento de protesta progresivo por la falta de medicamentos, como antibióticos y antihipertensivos, y las malas condiciones en los salones de operaciones.
Después de 48 días los facultativos depusieron la huelga tras alcanzar un acuerdo con el gobierno, que se comprometió a abastecer de inmediato los hospitales y enviar al Congreso una iniciativa para autorizar la compra urgente de equipos.
Luego de dos semanas las promesas no se han cumplido y los galenos se lamentan de "la deficiencia de la capacidad de compra y ejecución de lo solicitado por parte de las autoridades".
Los médicos estatales convocaron a un plantón frente a la sede del Ministerio de Salud para exigir respuestas a sus demandas.