La mesa de diálogo agrario en Guatemala está hoy al borde del fracaso tras la decisión de la Corte Suprema de Justicia de renunciar a su coordinación y a la elaboración del proyecto de Ley de Desarrollo Rural.
La presidenta de ese organismo, Beatriz de León, aseguró que a ellos les corresponde únicamente presentar la iniciativa al Congreso de la República y no redactar el proyecto, lo cual es tarea de los legisladores.
En cuanto al abandono de la mesa de negociaciones, la funcionaria argumentó la falta de consenso entre las partes interesadas, así como la carencia de fondos para mantener dicha función.
Tras la salida reciente del sector empresarial del proceso de diálogo, éste queda de hecho paralizado por la desaparición de dos de las tres partes implicadas.
Las organizaciones campesinas y populares habían instado a la Corte a no dejarse intimidar por las actitudes de los representantes de la Cámara del Agro, la cual agrupa a los grandes terratenientes.
Ingrid Urizar, de la Plataforma Agraria, señaló que lamentablemente esas presiones habrían surtido efecto y forzado al abandono de las negociaciones.
Por su parte Sergio de la Torre, presidente del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF), negó haber ejercido presiones sobre el Organismo Judicial.
La organización empresarial se niega rotundamente a tratar cualquier tipo de reforma agraria o expropiación de tierras ociosas en beneficio de los campesinos.
Según el CACIF el Estado debe normarse por el principio del respeto absoluto a la propiedad privada y no por el del beneficio social.
En los Acuerdos de Paz, firmados hace una década por el gobierno y la insurgencia, se reconoce que el origen de la gran pobreza existente en el país es la inequidad en la distribución de los recursos naturales, en particular de la tierra.
El dos por ciento de la población concentra en su poder hasta el 70 por ciento de los mejores suelos, en tanto que la gran mayoría de la población campesina carece de ellos y debe vender su fuerza de trabajo a los terratenientes a cambio de salarios ínfimos.