Miles de indígenas, campesinos, sectores de mujeres, estudiantes y otras agrupaciones sociales de Guatemala plantearon una férrea lucha contra las políticas neoliberales en el país, indicaron hoy miembros del movimiento popular.
Pedro Juan Gaspar, de la Alianza por la Vida y la Paz, señaló que durante una reunión realizada en el norteño departamento de Petén se acordó sellar un compromiso contra "los gobiernos capitalistas . que amenazan toda expresión de vida".
Los estratos de la población más pobre de Guatemala decidieron mantenerse unidos para enfrentar el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Centroamérica y Estados Unidos, y el Plan Puebla Panamá (PPP), promovido por México y los gobiernos del área.
Esas iniciativas, apuntó Gaspar, son ajenas al modelo de desarrollo que necesitan las comunidades.
Según los participantes en la citada asamblea, el año 2005 traerá varias amenazas, como la construcción de represas sobre el río Usumacinta (limítrofe entre Guatemala y México) y la apertura de carreteras en la Reserva de la Biosfera Maya.
Además, se prevé la privatización de las áreas protegidas, entre ellas el Parque El Mirador.
La Alianza por la Vida aseguró que esas políticas sólo interesan al gobierno del presidente guatemalteco, Oscar Berger, y a sus homólogos de Estados Unidos, México y las demás naciones del istmo, "interesados en favorecer a las empresas transnacionales".
Gaspar insistió en que resistirán y rechazarán el TLC y otros convenios comerciales que "buscan anexar al país a las potencias mundiales, así como someter a los pueblos a una mayor pobreza".
Por su parte, Domingo Ché, de la entidad Elisa Manuel de Petén, denunció que la vida de miles de campesinos se agrava, debido a la crisis alimentaria y las enfermedades que los mantienen al borde de la muerte.
Los más afectados son los indígenas Q´eqchi´ y Mopán, quienes viven en situación de miseria y abandono total por parte del Estado, "como históricamente ha sucedido, pues no les ha proporcionado tierra para cultivarla y adquirir alimentos", acotó.
De acuerdo con Ché, la desesperación de los campesinos por solventar su situación los compulsa a vender las mejores propiedades a terratenientes, los mismos que con toda intención les niegan tecnología agrícola, créditos y mercados para producir.