Maquilas e impunidad laboral
Por Carmen Esquivel - Guatemala, 20 de febrero de 2006
Más de 40 años después de su aparición en Centroamérica, la palabra maquila sigue vinculada hoy a frases como acoso sexual, ínfimos salarios, extenuantes jornadas de trabajo y falta de protección laboral y libertad sindical.
Maya, una guatemalteca de 25 años, trabajó dos años en una fábrica textil, pero fue despedida cuando su jefe se dio cuenta que estaba embarazada. Claudia, otra joven, debe laborar de 10 a 12 horas diarias hasta cumplir su meta, so pena de perder el puesto.
"En el caso de las maquilas es una utopía pensar en las ocho horas que están comprendidas y reguladas desde el siglo XIX", afirmó la especialista en asuntos laborales y miembro de la Red de la No Violencia contra las Mujeres, Hilda Morales.
En esas empresas -comenta- se incumplen las normas de seguridad para las trabajadoras, quienes no cuentan con equipos como mascarillas para protegerse de los tóxicos, ni tampoco tienen agua purificada, suficiente luz o servicios sanitarios adecuados.
Floridalma Contreras, de la Instancia Coordinadora de la Maquila, explicó a Prensa Latina que esas fábricas carecen de comedores, de clínicas y de medicamentos o personal médico.
Las excesivas jornadas de trabajo para ganar un salario de sobrevivencia provocan que muchas empleadas queden sordas, ciegas, con várices, enfermedades renales, gastrointestinales o broncopulmonares y lo peor es que ni siquiera tienen seguro social.
Los derechos laborales, reconocidos en numerosas convenciones internacionales, son letra muerta para los dueños de estas empresas.
"Nosotros hemos visto que cuando ellas quedan embarazadas o cuando quieren formar un sindicato, inmediatamente las despiden", relató Morales.
La prueba más fehaciente es que de unas 250 a 300 industrias maquiladoras existentes hoy en Guatemala, sólo hay tres sindicatos en ese sector.
Lamentablemente el creciente desempleo hace que las personas estén dispuestas a aceptar cualquier condición, lo cual es aprovechado por estos empresarios cuyos capitales son en su mayoría de origen taiwanés, sudcoreano o estadounidense.
Se estima que cerca de medio millón de personas del área centroamericana y República Dominicana trabajan en las fábricas, dedicadas a las confecciones de muebles, químicos, alimentos, juguetes, calzado y montaje electrónico.
La industria maquiladora trae sus propias máquinas y materias primas y saca del país el producto terminado, y el único beneficio que deja localmente es el empleo de mano de obra, contratada en condiciones muy precarias.
Organizaciones de mujeres y sindicales centroamericanas reconocen la necesidad del empleo en las maquilas, pero afirman que debe ser en condiciones dignas y bajo resguardo de las garantías legales.
De ahí que la Instancia Coordinadora de la Maquila, la Asociación de Mujeres en Solidaridad y el Centro de Acción Legal en Derechos Humanos realicen una campaña para la ratificación del convenio 155 de la Organización Internacional del Trabajo.
El convenio, referente a la salud, seguridad ocupacional y medioambiente en el trabajo, pondrá fin a la impunidad laboral practicada en estas empresas y beneficiará no sólo a las mujeres, sino también a todos los trabajadores guatemaltecos.
Fuente: www.prensalatina.com.mx |