La incorporación de ex militares a la Policía Nacional Civil centró hoy una polémica en Guatemala, donde la sociedad ve con recelo encargar la seguridad a un cuerpo vinculado a la represión en el pasado.
Para el analista Alejandro Rodríguez, del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales, hay una gran diferencia entre un policía y un militar.
El policía -indicó- tiene que ser un elemento con capacidad para aplicar la legislación interna y resolver conflictos con la menor carga de violencia posible, el militar, en cambio, está entrenado para matar.
"Es como si le decimos a un veterinario que opere a una persona. Puede que lo haga, pero no es su especialidad", añadió el analista político en una entrevista al diario Prensa Libre.
Rodríguez también expresó su desacuerdo con que los policías son más corruptos que los militares.
"En ambas instituciones hay riesgos. El mal policía es un ratero, el mal militar forma parte del crimen organizado", afirmó.
Mientras, el politólogo Francisco Beltranena consideró incoherente que se vuelva a recurrir a los militares después de tantas críticas por violaciones de los derechos humanos.
Aunque las autoridades argumentan que la medida busca reducir la violencia, diversas organizaciones y observadores políticos consideran que traerá más problemas que beneficios.
Para muchos sectores la solución a la violencia está en el fortalecimiento de la policía y no en la militarización de ese cuerpo.
Rodríguez considera que en Guatemala las instituciones de seguridad no se han consolidado porque el ejército no lo ha permitido.
Recordó que mientras la Academia de la Policía Nacional Civil tiene casi tres millones de dólares de presupuesto, la Escuela Politécnica del ejército cuenta con 13,3 millones.
La incorporación de tres mil ex militares en la policía contraviene los acuerdos de paz firmados en 1996 y que limitan las tareas del ejército a la defensa de la soberanía nacional.