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Guatemala: impunidad, delincuencia y linchamientos
Por Carmen Esquivel Sarría - Guatemala, 20 de mayo de 2008

Sentados en su vivienda millones de televidentes guatemaltecos presenciaron en estos días cuando personas enardecidas golpeaban y quemaban a dos ladrones, ante la incapacidad de las autoridades para impedir este acto.

Si alarmante es que los medios de televisión lleven a los hogares semejantes imágenes, más lo es el resurgimiento de los linchamientos durante los últimos meses, sobre todo en áreas cercanas a la capital y los departamentos occidentales.

Según datos del Organismo Judicial, sólo en lo que va de año 31 personas han sido vapuleadas y cinco de ellas murieron debido a golpes y quemaduras.

El caso más reciente ocurrió la semana pasada en la ciudad occidental de Sololá, donde cientos de pobladores capturaron a dos jóvenes que habían asaltado el mercado y, luego de arrastrarlos y golpearlos por las calles, los rociaron con gasolina.

Este peligroso fenómeno social, en el que turbas toman la justicia por su propia mano y dan muerte a un presunto delincuente, data de épocas inmemoriales en la historia de la humanidad.

Sin embargo, la palabra linchamiento, como tal, tiene su origen en Estados Unidos durante la guerra de independencia, cuando un coronel de Virginia, Charles Lynch, ordenó que los colonos fieles a la corona británica fueran ahorcados sin juicio previo.

De ahí se extendió el término “Lynch’s Law (la ley de Lynch) que derivó en linchamiento, una práctica habitual para atemorizar a la población en Estados Unidos, donde entre 1882 y 1951 unas cuatro mil 700 personas fueron asesinadas, en su gran mayoría negros.

Aquí en Guatemala, el origen del fenómeno no está ni en la época prehispánica, ni en la colonial, sino en tiempos más recientes, sobre todo después de la firma de la paz.

Las causas son disímiles, pero diversos analistas coinciden en que uno de los factores determinantes es la cultura de violencia aprendida durante las casi cuatro décadas de conflicto armado interno (1960-1996).

Las estrategias de las políticas contrainsurgentes desarrolladas por el ejército tienen mucho parecido a lo que ocurre hoy con los linchamientos: las víctimas son torturadas previamente, después incineradas y todo ante la vista de la comunidad.

Pero hay otros factores que inciden en este fenómeno, entre ellos la ingobernabilidad, el incremento de la inseguridad, la poca presencia de autoridades policiales, la impunidad y el bajo impacto del trabajo realizado por los tribunales.

“El sistema de justicia en Guatemala es tan débil que la gente ya perdió toda confianza en la policía, en el ministerio Público y no digamos en el juzgado”, lamentó la diputada Elízabeth Donis.

Añadió que la población está cansada de que el Estado no adopte medidas ante los secuestros, robos de niños, violaciones y asaltos y entonces, ante el desespero, toma acciones fuera de la ley. “Los últimos casos de linchamientos demuestran la falta de confianza de la ciudadanía en los procesos penales contra los delincuentes y eso lleva a que la población sea víctima, juez y verdugo al mismo tiempo”, denunció la legisladora.

Recientes sondeos de opinión reflejan que si bien los entrevistados están conscientes de la gravedad del hecho, también coinciden la necesidad de defenderse de las bandas delincuenciales.

“Estamos acorralados por la delincuencia y por eso la gente no confía en la policía que apresa a los ladrones y al otro día ya están en la calle”, dijo uno de los encuestados.

“Para mi es algo grave, es un síntoma de la descomposición actual de la sociedad y un llamado de atención a las autoridades porque denota que los guatemaltecos estamos hartos y estamos tratando de defendernos”, dijo otro entrevistado.

Ante el resurgimiento del fenómeno, el Organismo Judicial convocó a varias instituciones del Estado, entre ellos los ministerios Público y de Gobernación y a organizaciones de derechos humanos a crear un frente común contra los linchamientos.

El problema, sin embargo, sólo podrá resolverse si la policía cumple con capturar a los responsables de delitos y los jueces son capaces de aplicarles una sanción, de lo contrario sigue latente el peligro de que la gente tome la justicia por su mano.

Fuente: www.prensa-latina.cu - 190508


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