La ola de violencia en Guatemala causó la muerte de 82 mujeres en las primeras siete semanas del año, según estadísticas del Ministerio Público y la policía conocidas hoy en esta capital.
El índice de feminicidios casi iguala al registrado durante los primeros dos meses de 2005, el cual es considerado como el año más violento de la última década en el país.
Aunque las autoridades insisten en responsabilizar de este fenómeno a venganzas personales, conflictos entre pandillas o vínculos con el crimen organizado, el mal tiene raíces mucho más profundas, opinaron analistas.
Según el informe anual del Procurador de los Derechos Humanos, las tradicionales relaciones de dominio en Guatemala profundizan la desigualdad socioeconómica y política de las mujeres, que son relegadas a una violencia sistemática y estructural.
En muchos de los casos las víctimas de los asesinatos son jóvenes que han sufrido maltrato intrafamiliar, exclusión y discriminación, precisa el documento.
Para algunas organizaciones femeninas el creciente número de asesinatos contra mujeres es la continuación de la violencia ejercida contra este sector durante el reciente conflicto armado interno.
"El cuerpo de la mujer fue visto como botín o utilizado como instrumento de guerra", precisó Walda Barrios, directiva de la Unión Nacional de Mujeres de Guatemala.
Coincide con esta apreciación el Recuento de la Memoria Histórica, una recopilación de los horrores cometidos durante los años de la guerra.
Para el jurista Luis Ramírez, del Instituto de Estudios Comparados de Ciencias Penales, parte de los problemas sufridos hoy por la sociedad guatemalteca se deben a que miembros de los cuerpos represivos de los años de la guerra aún se mantienen en activo.
Señala que cuando se creó la actual Policía Nacional Civil muchos elementos del anterior cuerpo fueron reciclados en ella, a pesar de la oposición de organizaciones civiles y humanitarias.
"La violencia contra las mujeres no se detuvo al terminar la guerra, sólo cambió de forma" recordó Barrios.