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Guatemala y el círculo de la desnutrición crónica infantil
Por AGP/MMC - Guatemala, 21 de noviembre de 2019

Nery mide 96 centímetros y pesa 15 kilogramos, lo normal para un niño sano de tres años pero ya tiene cuatro y exhibe las marcas de la desnutrición que califica en Guatemala como una de las peores vergüenzas nacionales.

Y también fuera de sus fronteras, pues coloca a este país centroamericano a la cabeza de América Latina y en el sexto puesto a nivel mundial, según cifras del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Lo cierto es que los niveles alarmantes de desnutrición crónica en menores de cinco años son aquí históricos y los últimos años no muestran cambios sustanciales, lo que constituye una violación sistemática de sus derechos, justo cuando se cumplen 30 años de la Convención sobre los derechos del Niño.

Variaciones más o menos, la mayoría de los estudios apuntan a una realidad que no ha podido ser transformada en los últimos 20 años, uno de cada dos infantes estarán condenados de por vida a los efectos de una alimentación inadecuada e insuficiente, sobre todo, durante la denominada 'ventana de los mil días' (primeros meses).

En esencia, apuntan los expertos, a los niños solo les quedan dos opciones, o mueren por esa causa o pierden oportunidades ante deficiencias en el desarrollo cognitivo y físico de duración permanente.

Aunque la lucha contra el hambre formó parte de las 14 promesas de campaña del presidente Jimmy Morales, ya es un hecho que no podrá cumplir la meta de reducir al 10 por ciento los casos de desnutrición crónica.

De acuerdo con el informe publicado en abril último por la Procuraduría de Derechos Humanos, en los últimos 20 años los sucesivos gobiernos solo pudieron disminuir en un 8,7 por ciento la incidencia de este flagelo, que en el área rural y en la población indígena pasa del 46,5 por ciento al 58 por ciento.

Una estadística que coloca al país al lado o por encima de Estados en situación de guerra, a pesar de la puesta en marcha por la administración de Morales de la Estrategia Nacional para la Prevención de la Desnutrición Crónica.

Los datos más frescos prenden nuevas alarmas, ya que en 2018 la desnutrición infantil habría crecido unos siete puntos porcentuales en relación con 2015.

Lugares como Jocotán, en el departamento de Chiquimula, donde vive el pequeño Nery, dan de nariz con un problema que es directamente proporcional a las desigualdades sociales y económicas extremas, más allá de alentadores cifras macroeconómicas.

regiones como el Corredor Seco, los índices de malnutrición infantil alcanzan el 80 por ciento, al contar sus pobladores con una dieta basada casi exclusivamente en tortillas de maíz.

Allí más que en otro lugar, el círculo permanece inalterable, una madre desnutrida va a dar a luz a un niño desnutrido, que si no tiene una adecuada alimentación en los primeros dos años de vida tendrá muchas dificultades.

'Va a presentar una baja talla, el coeficiente intelectual no se va a desarrollar igual, el niño puede perder hasta el 40 por ciento de sus neuronas potenciales, va a tener muchos problemas de atención, y lo más seguro es que abandone los estudios, con lo que las oportunidades de trabajo también disminuyen, advierte el último estudio de Unicef.

Fuente: www.prensa-latina.cu


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