En Villa Nueva, uno de los municipios más violentos de Guatemala y donde dos pandillas se disputan el territorio, se desarrolla hoy un proyecto dirigido a llevar la paz y alejar a los jóvenes del delito.
Se trata de Iqui Balam, espacio de expresión teatral y artística donde la juventud puede lograr sus sueños y apartarse de las drogas y las maras, explicaron a Prensa Latina sus promotores.
La iniciativa toma su nombre de un personaje del libro sagrado Popol Vuh, el único que no tuvo descendencia y por eso lo olvidaron, afirmó su coordinador Pedro Castillo.
"Nos identificamos con él porque sentimos que durante mucho tiempo la juventud ha sido relegada dentro de la sociedad y por eso lo recuperamos, como mismo queremos rescatar a los jóvenes", dijo.
La idea surgió en 1996 cuando en el asentamiento Mario Alioto, el más grande de Guatemala y uno de los mayores de Centroamérica, se decidió crear un grupo de teatro para los habitantes de ese lugar.
"Lo curioso es que ahí entramos miembros de dos maras rivales, la M-18 y la Salvatrucha, y las tablas lograron crear la paz y armonía dentro de estos bandos, establecer una tregua y poco a poco apartarnos a algunos de las pandillas", recuerda Castillo.
Sacar a un joven de su entorno es difícil y de 50 que ingresan al grupo sólo tres logran alejarse de la mara porque ésta llega a ser parte de su cultura, de su vida y muchas veces sustituye a la familia.
Desde edades muy tempranas, entre ocho y 12 años, ya muchos niños se integran a estas bandas y son los encargados de cobrar los "impuestos" a las tiendas y a los pilotos de autobuses.
A través de las extorsiones obtienen el dinero fácil y suelen ganar hasta 400 quetzales semanales (más de 50 dólares), señala Castillo.
Por eso el propósito de Iqui Balam es tratar de impedir la incorporación de los niños a esas organizaciones, trabajando con quienes están a punto de terminar su sexto grado porque corren el mayor peligro.
Hasta la fecha unos tres mil jóvenes recibieron capacitación y otros 500 formaron parte del proyecto, el cual se consolidó con la creación de una casa donde se ofrecerán talleres de arte, de computación y manualidades, así como seminarios en diversos temas.
La instalación cuenta con el respaldo de varias organizaciones, entre ellas el Centro de Acción Legal para los Derechos Humanos (CALDH), Payasos sin Fronteras y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia.
Abner Paredes, coordinador del programa de juventud de CALDH, destacó la importancia de desarrollar iniciativas como ésta en una zona donde sólo el pasado año se cometieron más de 300 de los cerca de tres mil asesinatos de jóvenes registrados en el país.
"Aquí los crímenes están a la orden del día. Solamente en esta área marginal un joven pierde la vida de manera violenta diariamente", dijo Paredes.
Nidia Aguilar del Cid, Defensora de la Niñez y la Juventud de la Procuraduría de los Derechos Humanos, coincide en que Guatemala atraviesa una época violenta donde quienes están llevando la peor parte son las nuevas generaciones.
Interrogada sobre el proyecto Iqui Balam expresó: "Felicitamos a quienes creen que desde el barrio se puede trabajar y rescatar una vida. Muchos de los que hoy están delinquiendo van a tener una orientación en casa joven", dijo.
No obstante consideró que iniciativas como ésta deben ser una contrapartida y es el Estado quien tiene que asumir la responsabilidad de proteger a la niñez y juventud e invertir en programas sociales y políticas nacionales para ese sector.