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Guatemala: un arco para una revolución casi desconocida
Por LMA/CAR/MGA - Guatemala, 23 de marzo de 2008

En la entrada de Quetzaltenango, la segunda ciudad en importancia de Guatemala, se alza hoy un monumental arco erigido en memoria de quienes participaron en una gesta poco conocida en el país: la denominada Revolución de 1897.

El movimiento tuvo todos los ingredientes de una novela épica: patriotismo, lucha de poderes, valor y traición.

Aunque no falta quien le llame a esta construcción “El Arco del Sexto Estado”, en realidad su objetivo es traer a la memoria un movimiento armado realizado en las postrimerías del siglo XIX para impedir una violación a la Carta Magna.

En 1897 finalizaba el período de José María Reina Barrios, el cuarto presidente de la era liberal de Guatemala, quien decidió disolver la Asamblea Nacional, romper la Constitución y autoproclamarse jefe de Estado para mantenerse en el poder.

La noticia fue rechazada por familias poderosas del occidente que tenían sus propios candidatos a la sucesión, como Próspero Morales y Daniel Fuentes Barrios, y llamaron a un levantamiento armado para impedir la dictadura.

El 7 de septiembre los insurrectos tomaron los cuarteles y las oficinas públicas del vecino departamento de San Marcos y marcharon rumbo a Quetzaltenango con un ejército improvisado formado por trabajadores, comerciantes y profesionales.

Los líderes del movimiento, Juan Aparicio y Sinforoso Aguilar, se mantenían tras bambalinas pero fueron traicionados por un supuesto amigo y entregados a los militares leales al dictador.

Desesperado por detener la rebelión, Reina Barrios ordenó fusilarlos el 13 de septiembre sin previo juicio, con lo cual consiguió el efecto contrario porque la multitud enardecida tomó por asalto la ciudad y la conquistó dos días más tarde.

Aún descabezados, los alzados lograron varios triunfos militares pero finalmente fueron derrotados y la Revolución se disolvió.

Los dos patriotas, Aparicio y Aguilar, así como dos centenares de los caídos en la batalla de Quetzaltenango fueron sepultados en una fosa común en el cementerio local conocida desde entonces como el Panteón de los Mártires.

Reina Barrios venció en la contienda, sin embargo, no logró disfrutar su victoria porque la noche del 8 de febrero de 1898 un hombre se paró delante de él, lo saludó y lo mató de un disparo.

El agresor también murió allí mismo y fue identificado como Edgar Zollinger, aunque su verdadero nombre era Edgar August James, de nacionalidad británica, amigo de Juan Aparicio y administrador de los bienes familiares hasta un par de meses antes.

La comuna de la ciudad decidió el 3 de mayo de ese año levantar un arco en memoria de los muertos durante la gesta, con una inscripción que dice “El amor a la libertad los hizo héroes, el odio al tirano los hizo mártires”.

Este primer monumento fue destruido en 1950 aunque su maqueta original, algo deteriorada, se puede apreciar aún en el Panteón de los Mártires.

Con las modificaciones propias de una ciudad mucho más grande y desarrollada el arco fue edificado de nuevo y recibe o despide a miles de personas que entran o salen a diario de esta populosa urbe.

Y poco a poco va consiguiendo también el rescate de un momento heroico en la historia de este pueblo, orgulloso de sus tradiciones y su identidad.

Fuente: www.prensa-latina.cu 210308


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