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Alaíde Foppa, adelantada a su tiempo devenida símbolo en Guatemala
Por Isabel Soto Mayedo* - Guatemala, 26 de diciembre de 2016

Dicen que es posible conocer a una persona por las canciones que escucha o por los libros que lee y sin dudas fue una suerte poder husmear en la colección de la poeta y feminista guatemalteca María Alaíde Foppa.

Decenas de libros acumulados en varios cajones y donados por su familia a la Biblioteca Nacional Luis Fernández y Aragón de este país hablan de ese ser especial que desarrolló un pensamiento orgánico, adelantado para su época, y cuyo legado valdría la pena acabar de poner a disposición del público.

Pero más allá de su genio intelectual, para muchos guatemaltecos Alaíde Foppa continúa siendo uno de los símbolos femeninos de los años de terror e impunidad que azotaron a esta nación por más de tres décadas durante el conflicto armado interno

Su secuestro y desaparición, el 19 de diciembre de 1980, es recordado como una de las atrocidades más impactantes de fuerzas aliadas del Estado en la contienda bélica desatada contra quienes pretendían cambiar el rumbo de la historia en Guatemala en beneficio de los más desfavorecidos.

Aún está fresca en la memoria popular la noticia y fuentes periodísticas como la revista Proceso de México dan fe del movimiento de protesta que despertó en muchas partes la desfachatez de los agentes del Servicio de Inteligencia G-2 del Ejército guatemalteco, durante la dictadura de Fernando Romeo Lucas García.

A estos es atribuidos el secuestró de la reconocida escritora, catedrática y periodista; quien nació el 3 de diciembre de 1914 en Barcelona, España, y vivió parte de su adolescencia y primeros años de universitaria en Italia.

El traslado a la tierra donde nació su madre tuvo lugar en medio del proceso que dio lugar a la Revolución democrática de 1944 y a la llegada al gobierno de Juan José Arévalo (1945-1951), con el cual tuvo un hijo resultado de un romance, que terminó para fundar una familia con Alfonso Solórzano.

Probablemente la unión de por vida con Solórzano, hombre de gran talla intelectual y militante fundador del Partido Guatemalteco del Trabajo, tributó a la consolidación de su pensamiento político y a su involucramiento en campañas de alfabetización, como voluntaria en hospitales, y otras misiones del momento.

Sin embargo, es imposible hablar de la trayectoria de esta intelectual comprometida con su tiempo sin mencionar su estancia en México, donde tuvo a tres de sus cinco hijos, después de acogerse al asilo político en ese país tras la caída de Jacobo Arbenz en Guatemala (1954).

El reconocimiento a esta guatemalteca guarda relación con las huellas que dejó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, como profesora de Literatura italiana y de la primera cátedra de Sociología de la mujer, con el curso Sociología de las minorías.

También con su paso por el programa Foro de la Mujer, de la Radio Universidad, así como con sus artículos en varias publicaciones y en particular, en la revista pionera del feminismo latinoamericano que contribuyó a fundar con el título de FEM.

Desde esas plataformas y desde la Agrupación Internacional de Mujeres contra la Represión, la autora de varios libros de poesía y trabajos académicos laboró por el rescate de la cultura mexicana, por la causa de las mujeres oprimidas por el orden patriarcal, y por la solidaridad con los pueblos latinoamericanos pisoteados por dictaduras militares.

Esto explica por qué 'inmediatamente después de conocerse la noticia de su desaparición, se formó el Comité por la Vida de Alaíde Foppa y los desplegados y los artículos abogando por su aparición, sana y salva, comenzaron a inundar los periódicos de Ciudad México', como reseñó Proceso.

Asimismo, añade la publicación en su edición del 27 de diciembre de 1980, 'el gobierno mexicano dio instrucciones a su representante diplomático en Guatemala para que solicite al gobierno del general Fernando Romeo Lucas García informes sobre el paradero de la escritora'.

Proceso denunció que el embajador Jorge Palmieri se negó a recibir un documento que demandaba la presentación inmediata y el respeto a la vida de la mujer insigne; al mismo tiempo que la misión diplomática cerró sus puertas, mientras centenares de personas gritaban afuera: 'Libertad para Alaíde Foppa'.

Otras fuentes concuerdan en que organismos internacionales y grupos de intelectuales de Francia, Estados Unidos y otros países, igual exigieron que fuera regresada con vida, sin mayores éxitos en sus demandas.

Hecho sabido es que sobre la poetisa pendía una suerte de sentencia de muerte, por sus vínculos con lo más progresista de la sociedad guatemalteca, por sus pronunciamientos contra la dictadura de Lucas García; y porque sus hijos Silvia, Mario y Juan Pablo se habían sumado al Ejército Guerrillero de los Pobres.

Justo en el año de su secuestro murió Juan Pablo en Nebaj, en departamento norteño El Quiché, y su esposo perdió la vida al ser atropellado por un auto en la Avenida Insurgentes de Ciudad México.

Pese a la insistencia dentro y fuera de este país nunca más se supo de Alaíde desde que fue arrebatada de la 9a avenida de la Zona 1 de Ciudad Guatemala, salvo versiones en torno a su supuesta muerte en tortura la primera noche de su secuestro.

Hacia el año 2000, luego de una intensa campaña internacional por el rescate de sus restos y la aplicación de la ley contra los culpables de su muerte, la Fundación de Antropología Forense de Guatemala comprobó que parte de su cuerpo exánime y torturado yacía en el cementerio capitalino La Verbena.

Desde entonces el dolor por la pérdida no cesa entre sus amigos y familiares, aunque tal vez todavía Alaíde anda como vaticinaba en uno de sus poemas: 'Ya que no tengo alas, me bastan mis pies que danzan y que no acaban de recorrer el mundo'.

rc/ism

*Corresponsal de Prensa Latina en Guatemala


Fuente: www.prensa-latina.cu


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