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Mujeres en Guatemala, romper el silencio
Por Maitte Marrero Canda - Guatemala, 27 de diciembre de 2017

Doña Ernestina suplica, pide de corazón encontrar a su hija, y sujeta fuerte contra su rostro un cartel con la foto de Lucecita para que desde la pantalla del televisor los supuestos secuestradores le devuelvan a su niña querida. (PLRadio)

La joven de apenas 20 años 'desapareció' hace cinco meses, cuando salió del trabajo después de las 10:00 pm rumbo a su casa. Hasta ahora solo han encontrado la moto en que viajaba y sus documentos a la orilla de un río.

Quizás muchos piensen que era muy tarde para andar en un país donde la inseguridad muestra su rostro despiadado a diario, pero similares casos ocurren a plena luz como da fe el canal guatemalteco de televisión TN23, donde las historias son aderezadas con buena dosis de morbo.

Desgraciadamente Lucecita no fue la excepción este 2017. Integra la lista de al menos 500 mujeres asesinadas al concluir el año, a la que se suman los embarazos de niñas y adolescentes, la mayoría por abuso sexual.

'Reducir la brecha de esta violencia es uno de los retos más grandes de Guatemala', confirmó en rueda de prensa la representante de ONU Mujeres en el país, la colombiana Adriana Ordóñez, al presentar el 25 de noviembre la campaña internacional Únete: 'no dejar nadie atrás' para visibilizar este flagelo y mostrar avances en 2030.

En 2016 fueron reportados 1,161 feminicidios, por encima de las cifras de 2014 y 2015, de 876 y 867 respectivamente, según datos oficiales.

Entre enero y octubre de 2017, el Ministerio Público (MP) recibió 10 mil 963 denuncias por abuso sexual contra mujeres adultas, adolescentes y niñas, una cifra cercana a las 13 mil 634 de todo el año pasado.

Ordoñez agregó que el Registro Nacional de las Personas reportó que de enero a septiembre 54 mil 114 niñas y adolescentes de 10 a 19 años resultaron embarazadas, siendo mil 826 menores de entre 10 y 14 años.

Para la funcionaria de Naciones Unidas, la tendencia de casos denunciados va en aumento porque más mujeres deciden romper el silencio ante los abusos a pesar de las presiones familiares y conyugales.

El Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) advirtió, por su parte, que de 718 peritajes genéticos practicados hasta septiembre, el 38 por ciento fue por abuso sexual y el 36 por ciento por violación continuada.

De las denuncias registradas por el MP, las cifras más altas corresponden a violencia (91 por ciento), violación (83), agresión sexual (75), amenazas (59) y maltrato infantil (55).

Fuentes de la Procuraduría de Derechos Humanos advirtieron que el fenómeno preocupa no solo por las características de misoginia que presenta sino porque el número de víctimas ha mantenido una alta frecuencia desde 2013.

En 2016 el 65 por ciento de las muertes violentas del sexo femenino se cometió con arma de fuego y el 61 por ciento de ellas tenía entre 13 y 29 años de edad.

El departamento de Guatemala registró el 48 por ciento de víctimas, seguido de Chiquimula, Retalhuleu, San Marcos y Petén, una tendencia que se mantiene hasta hoy.

La diferencia en Guatemala entre el asesinato de un hombre y el de una mujer es que a las mujeres las hacen sufrir antes de la muerte, las violan, las mutilan, las golpean, argumenta la Fiscal General Thelma Aldana, quien ha contribuido al establecimiento de una red especial de tribunales en todo el país para lidiar con casos de feminicidios.

EL LARGO CAMINO DE LA JUSTICIA El fenómeno es muy complejo porque depende de la denuncia para que sea visible, y todavía esa cultura tarda en entronizarse en una sociedad machista y que, por herencia, destina a la mujer los roles más serviles.

Incide además, el largo tramo de la cadena de justicia que interviene en un proceso de Violencia Contra la Mujer, que va desde relatar los hechos hasta la sentencia penal.

Generalmente un caso se puede estancar por meses y en algunos casos, por años, al ingresar a la fila de espera que mantiene el Organismo Judicial para asignar una audiencia de orden de captura, un juzgado competente, y luego esperar la fecha para el debate oral y público.

Según las cifras de la Fiscalía de la Niñez y Adolescencia del MP, hasta octubre, 180 casos por delitos relacionados con niñas y adolescentes, esperan una audiencia en el Juzgado de Turno de Primera Instancia Penal de Delitos de Feminicidios y otras Formas de Violencia Contra la Mujer, Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas.

Esas audiencias unilaterales son, principalmente, para solicitar órdenes de aprehensión, de allanamientos, y citaciones a primera declaración para personas involucradas en alguna denuncia, según Norma Ramírez Andrade, fiscal de sección adjunta de esa unidad. Ese único juzgado de turno es el que atiende todas las denuncias provenientes de la región central (capital) y de los municipios del departamento de Guatemala.

El problema, de acuerdo con la fiscal, es que si en uno de los procesos trascurren más de tres o cuatro meses, la víctima que denunció tiene que presentarse nuevamente a la fiscalía a ratificar su testimonio y repetir el procedimiento.

Ramírez resaltó que en los últimos 10 meses se han realizado 13 mil 394 evaluaciones, de las cuales el 83 por ciento son mujeres. No obstante, la fiscal resaltó que para todos los procesos de violencia contra niñas y adolescentes hay solamente cuatro juzgados, los que también atienden delitos de feminicidios.

En un año y medio que lleva esa fiscalía, han logrado 41 sentencias, de las cuales el 93 por ciento son condenatorias, mientras que tienen 57 audiencias señaladas para la etapa intermedia.

En total, 250 esperan confirmación y 77 expedientes se encuentran pendientes de asignación de fecha. Existen casos en que el debate ha sido programado para finales del próximo año, pero en el peor de los casos, hay asignaciones de inicio de juicio para septiembre y noviembre de 2019. Las cifras son una bofetada contra el Estado y su papel como garante de los derechos de las féminas y niñas, acostumbradas desde edades pequeñas a presenciar y soportar la violencia doméstica como algo común.

Guatemala, como el resto de los países, tuvo hasta el 11 de diciembre para poner en la agenda pública la gravedad de la problemática, cuyo cambio pasa también por instituciones como la escuela y la familia.

Pese a la madeja judicial que impide más avances, hay madres como Doña Ernestina que no se dan por vencidas y buscan en los medios de prensa un pequeño espacio para visibilizar su dolor y condena.

Pero la mayor evidencia de todas, que seguirá a pesar del fin de la campaña internacional, es un enorme número 56 al pie de 41 cruces de madera con fotos de niñas que murieron calcinadas en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en marzo último.

Violaciones, maltratos y hasta trata de personas soportaron las 41 niñas y 15 más que sufrieron quemaduras y sobrevivieron a la tragedia en ese centro bajo supervisión estatal y supuestamente destinado a protegerlas.

Las llamadas 'Niñas de Guatemala' y muchas Lucecitas son cruces en el corazón de un país que clama por justicia ante un Estado que apuesta a la desmemoria.

Fuente: www.prensa-latina.cu


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