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Guatemala: Vecinos paramilitares
Por Juan Carlos Ferra Garcia - Guatemala, 25 de octubre de 2017

Cansados de la delincuencia y de que la policía “no hace nada”, habitantes de la capital guatemalteca tomaron la justicia en sus manos para cazar a los pandilleros de su colonia. Se han reproducido los grupos vecinales de exterminio que utilizan las redes sociales, como Facebook, para anunciar “operativos de limpia” y exhibir sus homicidios. La medicina resultó peor que la enfermedad: los residentes están fuera de la ley, no han acabado con la inseguridad pública y ahora libran una guerra con las maras.

La noche del 31 de enero la cuenta de Facebook Villa Nueva Denuncia avisó a sus más de 12 mil 600 seguidores la aparición de un grupo de exterminio. En un video casero y anónimo, grabado por un presunto grupo de vecinos encapuchados y armados, se exigía a los delincuentes abandonar la colonia Santa Isabel II, del municipio Villa Nueva, en la capital guatemalteca. Si no se marchaban, serían ejecutados.

Dos días después, consternado, Byron Jiovany Cuéllar Cabrera me compartió el video para contarme que se trataba de sus vecinos, quienes pronto comenzarían la cacería contra gente como él. Sabía de lo que hablaba: ocho años atrás un grupo similar ametralló su casa.

En un principio acordamos que no revelaría su identidad, pero ya no es necesario. Jiovany estaba retirado de la mara (pandilla) 18th Street. Él había decidido, tiempo atrás, ganarse la vida tatuando para mantener a sus dos hijos. También era mi informante.

El video que circuló en Facebook se titulaba Por una colonia sin delincuencia, donde cinco hombres posaban con armas de corto y largo alcance, diciendo con voz distorsionada que se dedicarían a hacer una “limpieza social” contra mareros y otros grupos de ese tipo. Decían estar hartos de la delincuencia y también aseguraban tener ubicados a los criminales de la colonia.

El mensaje fue el siguiente:

“Atención a toda la población de Santa Isabel II, Zona 3, Villa Nueva Proyectos que estamos padeciendo de tanta delincuencia. Decidimos organizarnos como vecinos para poder erradicar este flagelo que trunca el desarrollo de nuestra comunidad y nuestro país.

“Como ciudadanos honestos, trabajadores y honrados, que cada día nos sacrificamos para ganar el sustento de nuestras familias (…) no es posible que otros vengan a arrebatar fácilmente el pan de nuestros hijos. ¡Ya no, señores, ya basta de tanta delincuencia! Por eso hacemos un llamado a aquellos padres de familia que tienen hijos involucrados en maras o en cualquier otro grupo delincuencial. Sólo les pedimos que abandonen pacíficamente la colonia. Esto es un aviso, no respondemos por lo que pueda pasar si no tomaron en cuenta este mensaje.

“Somos defensores de nuestras familias y de nuestra comunidad. Señalamos a los delincuentes que ya están marcados: El Chupete, El Caballito, la banda del Diablo, El Tercero, El Mascota, Mario alias El Skate, El Hojuelas, El Seco, El Elvis, El Bucado, El Chinco, El Tula y un grupo llamado El Panda que son delincuentes del sector Campero. ¡Ya basta, ya los tenemos vistos, ya les estamos avisando!”

Patrullaje a pie

Algunos de los mencionados eran antiguos compañeros de pandilla que Jiovany había tatuado –me lo mostró en un video de su celular–; ahí estaban El Elvis, El Seco, El Tercero, El Skate y un par más.

La advertencia en Santa Isabel II no llamó la atención ni de la prensa ni de las autoridades. El mensaje era local y por eso las redes sociales se delimitaron a ser la arena pública del tema.

De acuerdo con un administrador de la cuenta Villa Nueva Denuncia, el video fue enviado de manera anónima por un vecino que posteriormente cerró su cuenta. “Nos enviaron la información de un perfil falso y ya no supimos más. Y ahora que lo corroboramos, sabemos que el perfil fue cerrado”.

Este administrador del perfil en la red social contó a Proceso que los vecinos de la colonia “estaban preocupados por la violencia del sector y que, cansados de eso, se han organizado para enfrentar a la delincuencia. Nos pidieron como un favor subir y compartir el video. Cuando nosotros les pedimos que nos lo enviaran por WhatsApp contestaron que no podrían y ya no respondieron más”.

La publicación causó aceptación entre los seguidores del perfil que la celebraban presionando el botón “Me gusta” y con comentarios en favor de hacer justicia por propia mano.

El video apareció una semana después de que otra cuenta de Facebook, Yo amo Ciudad Peronia, publicó fotos de un supuesto grupo vecinal patrullando parte del suroeste de la localidad. De acuerdo con lo visto, los grupos de exterminio a manos de vecinos son comunes en la capital de Guatemala. Mauricio, integrante de uno de estos “comités –como él los llama–” dijo a este semanario que desde hace seis meses sale a patrullar cada tercer día, de 11 de la noche a las cuatro de la mañana, con machete en mano junto a otros residentes de la colonia San Pascual. Lo hago para proteger a mi familia, justifica.

“Los vecinos nos organizamos para salir en la noche a patrullar, me entiendes. Salimos 15 con machetes, bates y, si tienen pistola, con pistola. Luego, pues si agarramos a uno, pues a darle en su puta madre, que más queda. De que lloren en mi casa a que lloren en la de él…”, cuenta.

Mauricio dice que hace poco mataron a un hombre que le apuntó en la cabeza a un niño para robarle una tablet. Como la Policía Nacional Civil no enfrenta a estos grupos, “mejor se les pide un favor: que no se metan y ya”, agrega.

La cacería

No pasó ni una semana para que la amenaza de los vecinos de Santa Isabel II se cumpliera. El 5 de febrero, Juanfred, alias El Bucado, uno de los mencionados en el video, fue baleado en la cabeza frente a una escuela de la colonia. Era un viejo pandillero de la 18th Street, y el primero de la lista. Con total impunidad, la siguiente víctima llegó tan sólo un día después. El pandillero Cristofer, El Tercero, de 18 años, también fue abatido a balazos cuando regresaba de firmar su registro de libertad condicional.

Así, en una semana ya estaban muertas dos personas que habían sido amenazadas en el video que subió Villa Nueva Denuncia a redes sociales. Pese a ello, los homicidios no llamaron la atención de la justicia guatemalteca. Facebook se convirtió en una especie de reality show en el que las noticias de los “exterminados” aparecían casi en tiempo real y esa cuenta se convirtió en la plataforma para hacer llegar más intimidaciones.

El 9 de febrero, Villa Nueva Denuncia justificó los dos asesinatos; ese perfil también se transformó en una especie de portavoz del grupo vecinal de exterminio. Después anunció en su muro que los habitantes de la zona deberían estar alerta de lo que sucedía: “Viendo la situación en la colonia tomen sus precauciones. Aunque ustedes no tengan nada que ver con el listado de nombres que han mencionado en el video, tomen precauciones y eviten ser confundidos. Como pueden ver, hay muchos muertos últimamente y dos de ellos fueron nombrados”.

La mañana del 21 de febrero cayó el tercer delincuente. Giovanni, conocido dentro de la pandilla como Smurf, también fue eliminado a balazos. Aunque él no apareció en el video vecinal, nuestra fuente supo que los encapuchados lo eliminaron. El día del velorio me confió que tenía miedo y rabia al mismo tiempo. “La neta no sé qué hacer, man. Pues ahorita no sé qué irá a pasar, porque yo ya no estoy activo (en la pandilla)”. Después agregó que “no sé cómo van actuar los homies (sus excompañeros)”.

Al celular de Byron Jiovany llegaron imágenes en las que se pedía a los vecinos que no denunciaran los homicidios contra los pandilleros, pues lo que estaba sucediendo era parte de una “limpia social”.

La venganza de los maras llegó. Jiovany me reveló que unos pandilleros ejecutaron “a un tal Chaneke”, quien presuntamente era uno de los vecinos que asesinó a El Bucado. La violencia había generado más violencia. El 28 de marzo los jóvenes Iram Castro y Guillermo Oliva, quienes según Jiovany eran ladrones de poca monta, aparecieron muertos en una carretera lejana a Santa Isabel II. A diferencia de los otros casos, el de ese par sí llegó a las redacciones de la prensa.

A cuatro meses de la publicación del video la cacería seguía. A mediados de mayo, el cadáver de la mujer de El Gato, uno de los amenazados por los “comités de limpia”, fue encontrado en su casa. Una semana después El Gato sufrió la misma suerte.

A la par de los hechos violentos, Jiovany enfrentaba una antigua orden de captura que lo llevaría a pasar dos años en la cárcel de Pavón, una prisión controlada por excompañeros de pandilla. En más de una ocasión me dijo: “Yo ya no quiero estar con los homies. Ya del barrio no quiero saber nada”. Estaba tan convencido de su decisión que él mismo dijo que se entregaría para reducir su condena. Lo único que le angustiaba de no estar con sus compañeros era no poder pagar la “talacha”; es decir, poder evitar limpiar pisos y baños ajenos.

La última vez que me comuniqué con Jiovany fue el 25 de julio, el mismo día que le llegó su hora. En esa ocasión me comentó que “gracias al de arriba” todo estaba bien, que tenía varios clientes ávidos de tinta en la piel. Fueron sus últimas palabras.

Ese día, a las dos de la tarde, había terminado de arreglar el auto de su novia, según testigos. Después pensaba ir a tatuar a un cliente, pero en su camino lo emboscaron. En pleno centro de la capital ocho balazos le perforaron la vida. Ahí quedó, boca arriba y en medio del asfalto. Y aunque Jiovany, alias El Joker, no estaba en la lista, alguien le cobró factura.

Con su muerte se fue una vida y una ventana para conocer los alcances de una sociedad que se queja de la delincuencia, pero también es parte de ella al tomar justicia por propia mano.


Fuente: www.proceso.com


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