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Guatemala: Política sin rostro de mujer
Por Alba Trejo - Guatemala, 31 de enero de 2008

De nuevo, las guatemaltecas fueron las grandes ausentes. Tras la asunción del nuevo gobierno el 14 de enero, los hombres ocuparon la mayor parte de los cargos de poder, mientras ellas volvieron a vivir las consecuencias de la exclusión y machismo predominante en cada uno de los 22 partidos políticos existentes en este país.

En Guatemala, donde el 50 por ciento de los 13 millones de habitantes está conformado por población femenina, las cuotas de poder para ellas sigue siendo un tema sensible. En esta ocasión, sólo seis lograron ocupar la silla edil de los 332 asientos disponibles para gobernar en el poder local, y únicamente 19 diputadas de 158 puestos llegaron al hemiciclo parlamentario.

A eso se suma que el nuevo ejecutivo, presidido por Álvaro Colom, ubicó sólo una mujer en su gabinete para dirigir uno de sus 13 ministerios, el de Educación.

Expertos políticos, como Catalina Soberanis, quien fue presidenta del Congreso de la República hace una década y ministra de Educación, considera crítico que apenas seis guatemaltecas estén en los cargos de poder de sus pueblos porque "en los últimos cuatro años, el incremento de su participación política en el área rural ha sido notoria", apunta.

Las palabras de Soberanis confirman que en 2007 no les fue bien a las mujeres en la política, pues el número de las elegidas disminuyó de ocho a seis en relación con los comicios de 2003.

En el Congreso, la situación no varió significativamente porque sólo dos diputadas más, en el mismo período, lograron llegar al organismo legislativo. Muchas de las ganadoras de una curul fueron reelectas.

Según Nineth Montenegro, activista en derechos humanos y quien ha sido diputada por dos legislaturas, los partidos políticos son organizaciones machistas. En esta nación, resultan marcados los contrastes de la política en el tema de género y colocan a la mujer al final de sus listas sólo para llenar un requisito exigido por grupos femeninos, pero sin posibilidad de ganar.

Y es que en Guatemala, a excepción del período de 1995, cuando la proporción de mujeres diputadas fue la más alta en el Congreso, la participación femenina en cargos de poder decayó, comenta Manfredo Marroquín, director de la no gubernamental entidad Acción Ciudadana.

La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) da cuenta de la lucha de las guatemaltecas por hacer valer sus derechos. En 1945, se otorgó por vez primera el derecho al voto femenino, pero se excluyó a las analfabetas. Veinte años después, en 1965, se extendió el sufragio a todas las mujeres sin distinción, y en 1956 fue electa la primera diputada. Catorce años después, en 1983, fue designada la primera ministra.

En este país, los puestos de Presidente y Vicepresidente jamás han sido ocupados por mujeres. Sin embargo, en el gobierno de Oscar Berger, una mujer dirigió el ministerio de Seguridad, un puesto ocupado siempre por hombres.

El más reciente informe de Mirador Electoral, que fiscalizó el proceso electoral, señala que al interior de los partidos políticos las perspectivas de promover a mujeres a la máxima candidatura de elección popular no constituye una prioridad.

De América Latina, este es uno de los países con mayor oposición a ceder espacios a las guatemaltecas en los partidos políticos y eso es una demostración de machismo, reafirma Marroquín.

El estudio Más mujeres, mejor política, publicado en 2007 por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, señala que Costa Rica, Panamá y Honduras aprobaron leyes estableciendo cuotas mínimas para la representación femenina en puestos de gobierno en 1996, 1997 y el 2000, respectivamente.

Marroquín destaca que la posición machista de los partidos políticos no ha permitido ceder los espacios concedidos en otros países. Para él, es ahí donde reside el verdadero problema de la ausencia de la mujer en los puestos de poder.

Resultados de la investigación Participación Política de las Mujeres en el Ámbito Local en América Latina, realizada por Alejandra Massolo para UN-INSTRAW-AECI en 2006 indican que en 16 países latinoamericanos sólo 842 de los 15,828 gobiernos municipales son dirigidos por mujeres.

Al analizar tan bajo porcentaje, la investigadora descubrió que a las mujeres que trabajan en política se les exige más que a los hombres, reciben críticas que nunca se le harían a un hombre y que, además, a menudo son acosadas políticamente.

La investigación menciona 10 obstáculos para la participación política femenina en gobiernos locales latinoamericanos, entre estos, la desigualdad de condiciones con los hombres, estereotipos culturales. Además, a la elegida se le hace creer que es un "favor" en lugar de un derecho.

En muchos contextos, como el caso de Guatemala, las indígenas viven una triple discriminación (de sexo, etnia y clase), lo que hace más difícil que logren acceso a la información y al conocimiento de sus derechos.

Como consecuencia, se vuelve más complejo para ellas consolidar sus organizaciones y mejorar sus capacidades de incidencia en la agenda pública. A eso hay que agregar que la educación en la indígena es discriminatoria, pues de 10 alumnos que asisten a las aulas en el área maya, dos son mujeres y estas no logran concluir el tercer grado de primaria porque deben laborar en la casa.

Fuente:// rotativo.com.mx - ROTATIVO de Querétaro - 300108


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