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Intimidades de una historia para alcanzar el poder
Por W. Najera - Guatemala, 15 de noviembrel de 2004
wnajera@sigloxxi.com

Los nombres del coronel Jacobo Salán y del general Francisco Ortega Menaldo han estado en la picota durante casi 10 años. Las investigaciones realizadas en su contra, por su presunta participación en hechos de corrupción, se desvanecieron por falta de pruebas. Sin embargo, el Ministerio Público (MP) afirma que ellos serían los protagonistas de un relato de justicia que estaría por escribirse. Sus nombres cobran relevancia, luego de que los hermanos menores de Jacobo Salán, Vinicio e Ignacio, fueran apresados y vinculados en un caso de presunta corrupción. La historia comienza de la siguiente manera:

CAPÍTULO 1: EL BINOMIO SALÁN Y ORTEGA

Es un viernes de mayo de 1986. En el departamento de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa, el oficial, Jacobo Esdras Salán Sánchez, se prepara a rendir las novedades del día al entonces coronel Francisco Ortega Menaldo.

Después de discutir por algún tiempo acerca de las operaciones de contrainsurgencia y contrainteligencia, la conversación se torna más relajada. El tema era afinar detalles para la reunión del día siguiente, en la cual serán anfitriones de importantes personajes que, hasta ese momento, no se conocían personalmente: el ex presidente Alfonso Portillo; el empresario y ex empleado del Ministerio de Finanzas Públicas, de Aduanas, Migración y Guardia de Hacienda, Alfredo Moreno Molina, y el banquero Francisco Alvarado McDonald, entre otros.

CAPÍTULO 2: EL DÍA QUE LA RED VIO LA LUZ

La reunión del sábado por la noche fue exitosa. La comida, el licor y las carcajadas abundaron, pero también los resultados. Ese sería el inicio de una presunta red de poder oculto que se fortaleció durante la gestión de los presidentes Vinicio Cerezo Arévalo, Jorge Serrano Elías y Ramiro de León Carpio, y a la cual Salán Sánchez y Ortega Menaldo son vinculados (vea recuadro: Un cofrade llamado Jacobo Salán).

Dicha agrupación, denominada La Cofradía, ha sido investigada desde hace unos 10 años por organizaciones de derechos humanos, la prensa, el MP, y el Gobierno de Estados Unidos, pero hasta el momento nada se ha comprobado.

Posteriormente, Portillo se convirtió en asesor de bancos, padrino del nieto de Alvarado McDonald, e inició una valiosa amistad con Moreno, quien sería el principal financiador de su primera campaña presidencial.

Por aparte, el apoyo de esta red permitió que Moreno, supuestamente, formara a principios de los '90 una red delincuencial denominada Grupo Salvavidas, que estaría integrada por unas 75 personas, entre militares, políticos, comerciantes, funcionarios y ex funcionarios.

Los años de gloria y enriquecimiento que habría gozado Moreno se desvanecieron la mañana del 14 de septiembre de 1996, cuando fue capturado en un operativo conjunto en Tulam Zu, zona 4 de Mixco.

Así como la sombra de Moreno habría cobijado (durante 10 años) al coronel Salán Sánchez y al general Ortega Menaldo, fue su captura la que también propició su destitución de las filas castrenses. El 17 de septiembre de 1996, el ex ministro de la Defensa, Julio Balconi y el ex ministro de Gobernación, Rodolfo Mendoza, anunciaron que la decisión se tomó debido a su "presunto involucramiento en la red de contrabandistas de Alfredo Moreno".

CAPÍTULO 3: SECRETOS DEL PISO OCHO

En noviembre de 1999, el piso ocho del edificio Marbella, en la zona 10, supo de la presencia de importantes y no tan importantes personalidades. Investigaciones del MP señalan que, desde esa fecha, las sesiones que secretamente realizaban los integrantes de ese presunto poder paralelo se trasladaron a la oficina de Alvarado McDonald, en la zona 10. Lo que sí no se ocultaba era el apoyo a Alfonso Portillo. En la entrada de la oficina se lucía un cartel con el rostro del ex mandatario, utilizado durante el período de campaña proselitista.

En esa oficina se habrían discutido y aprobado nombramientos de funcionarios, acuerdos gubernativos, medidas económicas, así como la reconversión del Estado Mayor Presidencial, de la cual Salán Sánchez fungió como asesor temporal.

Los años transcurrieron, y no fue sino hasta el 20 de enero de 2000 cuando el nombre de Jacobo Salán Sánchez volvió a salir a luz pública. En esa fecha, el entonces presidente Alfonso Portillo admitió que el militar retirado fungió como su asesor de seguridad durante su campaña electoral, y que se mantendría en ese cargo. Sin argumentar razones, Salán renuncia al puesto (el 28 de octubre de ese año).

CAPÍTULO 4: LAS SOMBRAS DEL HERMANO

Hasta ese entonces, el nombre de Jacobo Salán era el único que se había mantenido en la picota. El 2 de abril de 2002, otro sería añadido: el del teniente retirado José Vinicio Salán, hermano de Jacobo. En esa fecha, el presidente Portillo le nombró como subjefe de la Secretaría de Coordinación Ejecutiva de la Presidencia (SCEP), donde devengaba unos Q20 mil al mes.

En el tiempo en el cual José Vinicio Salán estuvo al frente de la SCEP, se firmaron ocho contratos de construcción de obras con la ONG Bienestar Comunitario de Guatemala (Biencogua), por valor de Q99.8 millones.

De forma paralela, durante la administración de Alfonso Portillo, los hermanos Vinicio e Ignacio conformaron la empresa Proyectos de Obras Civiles, Sociedad Anónima (POC, S.A.), dedicada a la construcción. Esta compañía se habría beneficiado al recibir contratos por Q66 millones, por parte del Ministerio de Comunicaciones.

CAPÍTULO 5: SE DESMORONA EL CLAN

Mientras sus hermanos se ocupaban de firmar contratos millonarios, Jacobo Salán enfrentaba acusaciones por parte del Ministerio Público. El 23 de octubre de 2002, el Fiscal General (en ese entonces) Carlos de León Argueta inició una investigación en su contra, así como a los militares Francisco Ortega Menaldo, Antonio Callejas, Roberto García Catalán y Napoleón Rojas, a quienes acusaba de estar vinculados con la red de contrabando de Alfredo Moreno. Sin embargo la investigación se tornó pasiva, por la falta de pruebas de parte del MP.

No así, las pesquisas contra los hermanos menores de Jacobo prosperaron y culminaron el pasado martes 9, cuando éstos, junto con el abogado Mario Soto Ramos, fueron capturados por estar acusados de fraude y lavado de dinero. Los hermanos Salán habrían desviado Q24.5 millones de la SCEP, durante el gobierno de Alfonso Portillo.

Ahora, Jacobo Salán es el próximo en la mira del Ministerio Público. Según Celvin Galindo, fiscal contra la Corrupción, el caso que una vez se abrió y que no prosperó se reactivó esta semana, y para ello se nombró a un nuevo fiscal.

Lo que una vez inició en una reunión de amigos (en 1986), se comienza a desmoronar 18 años después. La historia aún no termina. Muchos capítulos esperan ser escritos. Según el MP, el próximo podría ser el de Jacobo Salán.

UN COFRADE LLAMADO JACOBO SALÁN

La organización secreta, denominada La Cofradía, se gestó durante la administración del general Romeo Lucas García y fue fortalecida por otros militares retirados, o que intempestivamente salieron de la institución como resultado de sus presuntas actividades delictivas. Tanto Salán Sánchez como Ortega Menaldo habrían trabajado mano a mano con su fundador, Manuel Antonio Callejas. Además de reconocer su liderazgo en esta formación, Ortega Menaldo declaró a la prensa que esa oficina tenía como objetivo controlar el incremento del flujo de armas y la subversión en la ciudad. Durante el juicio seguido contra Moreno, Francisco Javier Ortiz, alias teniente Jerez, señaló a los siguientes militares como los principales integrantes:

General Manuel Antonio Callejas.

General Francisco Ortega Menaldo.

General Marco Antonio González Taracena.

General Edgar Augusto Godoy Gaitán.

General Carlos Enrique Pineda Carranza.

Coronel Jacobo Esdras Salán Sánchez.

Coronel Julio Fernández Ligorría.

Coronel Romeo Guevara.

Coronel Roberto Letona Hora.

Coronel Juan Guillermo Oliva Carrera.

Coronel Héctor Montalván.

Coronel César Augusto Cabrera.

Tomado www.sigloxxi.com


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