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Suiza en el proceso de paz de Guatemala
Por Patrick John Buffe - Mexico DF, 9 de septiembre de 2004

Berna trata de crear espacios de diálogo entre el gobierno y la sociedad civil para buscar soluciones a la impunidad, fortalecer el Estado de derecho y promover el respeto de los derechos humanos.

Mô Bleeker, coordinadora del programa de promoción de la paz en Guatemala, traza un balance tras quince meses de trabajo.

Al llegar a Guatemala en mayo del 2003, Mô Bleeker tenía la misión de implementar en este país un programa enfocado “en la transformación de conflictos como un instrumento importante de la promoción de la paz, en el sentido de que los actores locales pueden trabajar en los conflictos existentes, en una dinámica en la cual cada actor puede tener más sustancia en sus posiciones y su entendimiento de la realidad.”

Durante más de un año, la consejera en promoción de la paz puso en marcha este proyecto del Ministerio suizo de Asuntos Exteriores, ejecutado por la División Política IV a cargo de la seguridad humana, la promoción de la paz y los derechos humanos.

La estrategia de implementación del programa tiene dos vertientes. Por un lado, busca crear espacios de diálogo entre las organizaciones de la sociedad civil, las instituciones gubernamentales y la comunidad internacional en materia de lucha contra la impunidad, el tratamiento del pasado, fortalecimiento del Estado de derecho, respeto des los derechos humanos y la transformación de conflictos.

Por otro lado, financia proyectos relacionados con estos temas. En este marco, apoya el programa de promoción de la paz de las ONG suizas que trabajan en el departamento del Quiché, más precisamente en la región de Ixil.

En esta zona de mayoría indígena, muy golpeada durante el conflicto armado que azotó a Guatemala durante 36 años, estas ONG, con sus contrapartes locales, acompañan a las organizaciones y gobiernos de la región en la búsqueda colectiva de vías de resolución de los conflictos en materia de tierra y reconciliación entre los actores del conflicto armado, y ayudan a fortalecer la justicia y el respeto a los derechos humanos.

Espacios de diálogo

En el marco del trabajo que ha desempeñado desde la embajada de Suiza en Guatemala, Mô Bleeker se ha reunido con las instituciones del Estado y de la sociedad civil, discutiendo, por ejemplo, sobre la manera de acompañar a la Procuraduría de los Derechos Humanos y la coalición de organizaciones sociales en temas como la organización de la futura Comisión Internacional de Investigación (CICIACS), de la comisión de resarcimiento o del control democrático de las instituciones de seguridad.

“Mi papel ha sido también organizar espacios donde se habla del mismo tema con gente del Estado y de la sociedad civil para ver, después de un análisis común, si hay propuestas y soluciones comunes”. Con el impulso dado a estos espacios de diálogo y de concertación, trató de crear procesos de construcción de confianza para lograr poco a poco cambios de actitudes sobre los temas de la impunidad, la justicia y los derechos humanos.

Un balance positivo

Después de quince meses de labor, Mô Bleeker se muestra satisfecha por las reacciones muy positivas frente a estos esfuerzos. Resulta difícil medir el impacto, pero hay un “gran número de personas y organizaciones que nos buscan en la embajada para pedirnos apoyo no tanto material, sino para facilitar una reflexión sobre tal o tal tema o un encuentro con el Estado.” Tal vez lo más importante es que Suiza sea percibida como un “interlocutor de confianza”.

Esta confianza se debe también a que el programa de promoción de la paz llega en un momento en el cual muchos actores internacionales se van de Guatemala, como es el caso de la MINUGUA – la Misión de las Naciones Unidas en Guatemala para la verificación de los acuerdos de paz – que dejará el país a fines del presente año.

Nueva etapa

El regreso de Mô Bleeker a Berna, desde donde dirige desde el primero de septiembre los proyectos de promoción de la paz en Guatemala y México, no significa que el programa se interrumpa.

“Ahora hay que seguir profundizándolo”. Esta nueva etapa estará a cargo de un nuevo coordinador, Miguel Mörth, un abogado alemán muy cualificado que conoce a fondo el terreno por estar radicado en este país centroamericano desde hace más de 10 años.

Está previsto que el programa siga existiendo durante varios años más, ya que depende de las coyunturas. “Si cubriéramos el periodo del nuevo presidente Berger y pudiéramos hacer todos los esfuerzos posibles con todos los actores involucrados para que las conclusiones de la Comisión de esclarecimiento histórico y algunos acuerdos de paz pudieran ser aplicados”, puntualiza Mô Bleeker.

”Creo que después entraríamos en una fase de cooperación técnica, por más largo plazo. Los programas de promoción de la paz de la División IV actúan más en coyunturas a mediano plazo, a largo plazo”, agrega.


Un país conflictivo

A pesar de la firma de los acuerdos de paz en 1996, Guatemala sigue siendo un país que vive una situación de conflictos permanentes.

“ Se tiene que negociar con cambios de actitud, porque hasta el momento es la confrontación que vale”, considera Mô Bleeker.

Entre pasado y presente

Cuando tomó su cargo de coordinadora del programa de promoción de la paz en Guatemala, la primera tarea de Mô Bleeker fue analizar con la sociedad civil la situación política que atraviesa este país de posguerra, que conoce una polarización muy fuerte a todos los niveles: entre el Gobierno y la sociedad y en la sociedad misma.

“Guatemala todavía no es un país en paz. Es un país que sigue viviendo un conflicto fuerte, o sea vive una situación sin paz, o de pre-conflicto o de conflicto permanente, que no se expresa en forma de una guerra. Pero el patrón de la violencia no ha cambiado en realidad, o poco ha cambiado”, explica Para Mô Bleeker.

Los estigmas de la guerra


Esta situación tiene sus raíces en los 36 años de guerra que vivió Guatemala y que dejaron 200.000 muertos, además de 45.000 desaparecidos. A pesar de los Acuerdos de Paz firmados en diciembre de 1996, esta pequeña nación centroamericana aún no ha logrado una verdadera reconciliación.

Las últimas elecciones presidenciales han demostrado una vez más que los viejos demonios todavía no han desaparecidos. Uno de los candidatos era el ex general Efraín Rios Montt, responsable de un genocidio en 1982 y cuya dictadura fue recordada como uno de los regímenes más sangrientos de la historia del Guatemala. Por lo tanto, su candidatura reabrió las heridas de un pasado reciente.

Además, el presidente Alfonso Portillo, del Frente Republicano Guatemalteco fundado por el mismísimo general, reactivó por razones electorales las ex patrullas de autodefensa civil (PAC), creadas a principios de los años ochenta.

El mandatario decidió indemnizar a los miembros de esos grupos paramilitares que calificó de “héroes de la patria”, mientras los familiares de los desaparecidos esperaban en vano un resarcimiento. Esto dividió todavía más la sociedad entre víctimas y victimarios.

Presencia del pasado

Frente a esta situación y tomando en cuenta los niveles de violencia que registra actualmente el país, el balance que hace Mô Bleeker no es muy alentador:

“En Guatemala, el pasado está totalmente presente y la guerra, para la mayoría de la gente, sigue presente. Eso se debe a la coexistencia de un pasado que no ha terminado, un presente muy inseguro y la desesperanza de la población que vive en una situación de violencia insoportable.”

¿Cómo elaborar un sentimiento de bien común y fortalecer el Estado-Nación en esas condiciones, si no hay comunicación, si no hay diálogo? A esa pregunta, la coordinadora suiza respondió con la creación de espacios de diálogo y de concertación entre actores cuyas posiciones podían parecer irreconciliables.

En su opinión, no hay otros remedios para transformar conflictos: “Eso sí, se tiene que negociar con cambios de actitud, porque hasta el momento es la confrontación que vale, con todos perdiendo”.


El futuro incierto de la CICIACS

Suiza apoya firmemente la organización de Comisión Internacional de Investigación de Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad (CICIACS) en Guatemala.

Sin embargo, esta iniciativa todavía no se concreta y su futuro sigue siendo incierto.

Lucha contra la impunidad

En materia de lucha contra la impunidad, uno de los temas que agita las aguas de Guatemala es la creación de la CICIACS, una comisión internacional que surgió de un acuerdo internacional entre la Naciones Unidas y el gobierno guatemalteco, propulsado por las organizaciones de derechos humanos.

Firmado en enero pasado por el gobierno del presidente Portillo, este acuerdo representa una esperanza para desenmascarar a las asociaciones ilícitas relacionadas con agentes del Estado, las estructuras paramilitares, los cuerpos de seguridad privada y la delincuencia organizada que, todavía, trabajan en total impunidad.

Suiza está muy comprometida con este tema. Mô Bleeker, la coordinadora del programa helvético de promoción de la paz, considera que es una iniciativa muy importante, porque debe permitir “seguir limpiando el aparato de Estado y seguir luchando contra la violencia, una violencia muy generalizada, que incluye hasta elementos dentro del Ejecutivo, dentro de las instituciones gubernamentales, pero no bajo el control de las instituciones democráticas”.

Un futuro incierto

Para que este acuerdo se concrete, el poder legislativo debe aprobar reformas constitucionales necesarias para su adecuado funcionamiento. Sin embargo, el futuro de la CICIACS parece muy incierto.

En respuesta a las inquietudes del presidente Berger, quien heredó este asunto muy polémico, la Corte de Constitucionalidad consideró, a principios de agosto, que las disposiciones del acuerdo pretenden otorgar facultades que corresponden exclusivamente al organismo judicial y al Ministerio público.

En su dictamen consultivo, la Corte determinó que el acuerdo no es un instrumento internacional en materia de derechos humanos y subrayó, además, varias incompatibilidades con la Carta Magna.

El Procurador de los Derechos Humanos anunció que, lejos de desechar la idea, se iba a trabajar sobre la revisión de los textos para lograr la compatibilidad con las leyes nacionales.

Compatibilidad que solo puede debilitar el contenido del acuerdo y postergar una vez más la tan ansiada lucha contra la impunidad y la violencia en Guatemala.

Algo grave para las organizaciones sociales que consideran que sólo un instrumento como la CICIACS permitiría retomar el camino hacia la democracia y la paz.


Archivos de audio relacionados con los tema:

Objetivo del programa
Balance del progrma
Entre pasado y presente
Lucha contra la impunidad

Tomado deSwissInfo - www.swissinfo.org


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