Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 5 - 2008

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Pueblo de Guatemala se llena de deportados de EEUU
Por la redacción de Univisión - Xicalcal, Guatemala, 8 de diciembre de 2008

Durante años, los habitantes de este pueblo eran personas demasiado viejas o demasiado jóvenes como para emigrar a Estados Unidos. Ahora está lleno de gente deportada que regresó y no sabe qué va a hacer para subsistir.

Ello responde a una redada ocurrida hace dos años, a 4.800 kilómetros (3.000 millas) de distancia. En una fría mañana de marzo en New Bedford, Masachusets, decenas de agentes del servicio de inmigración se presentaron en la fábrica textil Michael Bianco Inc. y arrestaron a 361 personas, en su mayoría mujeres centroamericanas.

Fue una de las primeras de decenas de redadas con las que el gobierno estadounidense mostró una determinación renovada contra los indocumentados.

Las redadas han aumentado marcadamente desde 2003 y resultaron en más de 4.000 extranjeros detenidos el año pasado. También subieron las multas que pagan las empresas que los contratan: mientras que hace cinco años unas pocas decenas de firmas pagaron 45.000 dólares en total, este año hubo 863 empresas multadas con 30 millones de dólares.

Hasta ahora, sólo 160 de los empleados de Michael Bianco fueron enviados a sus países, pero la redada tuvo un importante efecto sicológico y sembró terror en todo el país. Los indocumentados comenzaron a sentirse acosados y las empresas que los contrataban empezaron a tomar más cuidados.

Miles de personas se quedaron sin trabajo y abandonaron su sueño americano, regresando a pueblos donde es difícil ganar un sustento. Uno de ellos es Xicalcal, un caserío al final de una carretera de tierra en las montañas mayas.

La región fue una de las más afectadas por la guerra civil de la década de 1980. Mucha gente huyó en momentos en que los soldados regulares y milicias derechistas mataban a todo sospechoso de colaborar con la guerrilla. Varios fueron a parar al puerto industrial de New Bedford, donde las fábricas textiles y las empresas que procesan pescados rara vez pedían papeles de trabajo al contratar a alguien.

Con el paso del tiempo, cientos de personas les siguieron los pasos, pagándole a los traficantes hasta 6.000 dólares por el viaje.

El dinero de las remesas hizo que las mujeres mayas dejasen de lado sus delicadas blusas bordadas a mano y usasen blusas de poliéster. Los hombres lucían gorras que decían "Old Navy". Precarias chozas dieron paso a casas de cemento de tres habitaciones. La ciudad, sin embargo, seguía casi vacía y muchas viviendas quedaron a medio construir.

En New Bedford, una ciudad de unos 94.000 habitantes, los guatemaltecos pasaban muchas horas cosiendo con máquina en empresas como Michael Bianco. La firma comenzó a producir prendas de cuero para marcas reconocidas, como Coach, Fossil y Timberland, y logró incluso un contrato de 230 millones de dólares con el gobierno para producir equipo militar a ser usado en Irak.

Las autoridades sospechaban desde 2002 que Michael Bianco podía estar contratando indocumentados. El servicio de beneficios y prestaciones de Seguridad Social le envió una carta diciendo que había irregularidades en los números de una cuarta parte de sus empleados. En los años subsiguientes llegaron más cartas similares.

En diciembre de 2005 circularon rumores de que se podía producir una redada y un ejecutivo dijo por los altoparlantes que los empleados podían ausentarse por el día, si así lo deseaban, según las autoridades. Unas 75 personas se dispersaron, escondiéndose en cajas o en sus automóviles.

Fue una falsa alarma, pero al poco tiempo la empresa contrató a alguien que resultó ser una agente encubierta que se hizo pasar por indocumentada. Los documentos presentados por la fiscalía indican que una empleada administrativa le dijo a la mujer dónde podía conseguir papeles falsos.

En 2007, Michael Bianco ya tenía 650 empleados. Más de dos tercios presentaron números de Seguridad Social sospechosos. Las autoridades sostienen que la empresa contrataba indocumentados a sabiendas para no pagarles horas extras. Los guatemaltecos aceptaban de buena gana porque en media hora ganaban lo que percibían durante todo un día en su país.

El 6 de marzo de 2007, acababan de encenderse las máquinas de coser cuando agentes armados irrumpieron en el lugar y bloquearon todas las salidas. Los trabajadores salieron corriendo y trataron de esconderse. Los agentes encontraron a uno en una caja horas después de comenzada la redada, que acaparó titulares en todos lados.

Defensores de los derechos de los inmigrantes acusaron a los agentes de dejar a niños abandonados en las escuelas o con niñeras al detener a sus padres. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas sostiene que esas denuncias fueron falsas y que se trató de una operación ejemplar.

Casi dos años después, unas 200 personas siguen en Estados Unidos, sin saber si podrán permanecer en el país o no. A algunas se les permite trabajar mientras sus casos siguen su trámite. Algunos no tienen ingresos.

Tres adolescentes recibieron permisos de residencia porque eran menores de edad que estaban solos. Al menos cuatro trabajadores fueron autorizados a permanecer en el país, incluidos tres que recibieron asilo, lo que les permitirá pedir la ciudadanía.

Los deportados fueron enviados a la ciudad de Guatemala. El gobierno estadounidense paga por su traslado hasta allí, pero ellos deben cubrir el resto del recorrido.

El fundador de Michael Bianco, Francesco Insolia, quien es un inmigrante italiano, se declaró en noviembre culpable de dar amparo y esconder a indocumentados. Podría ser condenado a 18 meses de cárcel.

Además, se lo obligó a pagar 850.000 dólares a ex empleados que lo habían demandado por atraso de pagos.

La redada sirvió de escarmiento a muchas empresas que ahora sí piden documentos antes de contratar a una persona.

"Pero no es fácil" cumplir con las leyes, sostuvo Anthony Sapienza, director de la fábrica de New Bedford que produce ropa de la línea Joseph Abboud. "La realidad es que se pueden conseguir documentos muy avanzados en la calle y a uno lo pueden embaucar".

Muchos guatemaltecos enfrentan situaciones inciertas.

El esposo de Dominga Gómez, Ricardo, fue uno de los deportados y ella fue despedida de la empresa empacadora de ropa en la que trabajaba porque no tenía papeles, pero no se fue de New Bedford porque el gobierno le da 500 dólares cada tres semanas para comprarle medicinas a su hijo estadounidense, Mauricio, de cuatro años, quien padece de autismo.

Su esposo no podía mantener a sus cinco hijos en Guatemala, de modo que consiguió que amigos y parientes le prestasen 6.000 dólares para regresar ilegalmente a Estados Unidos. Llegó el 28 de octubre de 2007, quejándose de un dolor en la garganta. Al día siguiente se sintió peor todavía, pero Gómez no lo llevó al médico por temor a que lo descubriesen.

Al poco tiempo, no podía respirar. Entonces sí, llamó a una ambulancia. Cuando llegó, su esposo estaba muerto. Nunca supo qué le pasó.

Gómez sigue viviendo en New Bedford con su hijo, pero no puede encontrar trabajo fijo porque no tiene papeles. Acepta empleos sueltos por los que cobra en efectivo. Su hijo mayor, de 19 años, está en Guatemala y le pide que lo traiga a Estados Unidos, pero ella se niega.

"No quiero perder un hijo. Ya perdí un marido", afirma.

En Xicalcal, no pasa un día sin que aparezca alguien que regresó luego de mucho tiempo y se le vea deambulando por las calles. Muchos fueron deportados antes de saldar sus deudas con los traficantes.

Ante la perspectiva de perder sus tierras o sus casas, piden prestado más dinero y vuelven a enfilar hacia el norte, pero la mayoría se están quedando ahora, gastando lo poco que tenían.

Víctor García, de 34 años, se pregunta cómo hará para alimentar a sus cuatro hijos. Cuando trabajaba para Michael Bianco, enviaba 500 dólares por mes. Ahora se siente afortunado si gana 40 quetzales (seis dólares) por una jornada de trabajo en el campo.

"No robaba nada allí", en Estados Unidos, se queja. "Sólo quería trabajar".

Las remesas están disminuyendo. Guadalupe Toj es una de las pocas afortunadas que todavía vive del dinero que le envía su esposo, quien trabaja ilegalmente en una pizzería de Boston, pero se pregunta cuánto durará esto.

"Mucha gente está volviendo", dijo Toj. "¿Quién le va a dar trabajo a tanta gente? ¿Qué van a comer?".

Fuente: www.univision.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.