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Reflexiones sobre las personas en medio de la crisis por el covid-19
Por el Departamento de Prácticas Psicológicas, Escuela de Ciencias Psicológicas, USAC - Guatemala, 23 abril de 2020

La crisis global causada por el COVID19 supone un fuerte impacto en la vida de las personas, las familias, los grupos y las sociedades. Las generaciones que vivimos este momento, nos encontramos en una situación caracterizada por la angustia, las preocupaciones y la incertidumbre, pero también por el deseo de sobrellevar y afrontar la crisis. Frente a ello, el área Social-Comunitaria de la Escuela de Ciencias Psicológicas manifiesta:

1. La crisis supone un reto personal y social de enormes magnitudes y consecuencias imprevisibles. Lo que se vivió al principio como una situación lejana, se ha vuelto una realidad inmediata que colorea todos los aspectos de la vida y trastoca la vida social de los países y la vida cotidiana de las personas y los grupos. Aspectos como la emergencia sanitaria, la muerte y el sufrimiento de los afectados directos y sus familias; el confinamiento en el hogar y las restricciones a la movilización; las graves consecuencias y perspectivas a futuro en las áreas económica, laboral, social, educativa, etc.; la suerte de la familia, las amistades y conocidos que no se pueden ver y la falta de contacto humano y físico; el impacto en la niñez, en las mujeres, en los pobres, en las personas con discapacidad y otras poblaciones en condiciones de marginalidad y exclusión1; las condiciones de los migrantes y los deportados; el manejo de la crisis por políticos y empresarios que privilegian sus intereses sobre el bien común; las respuestas autoritarias del gobierno nacional o local; la danza de millones en préstamos poco transparentes o con fines alejados de la atención de la crisis, así como otros aspectos que van más allá de esta breve enumeración, implican una vivencia personal en la que se mezclan temores, angustias, expectativas y esperanzas. Por ello, es necesario reflexionar y hablar de lo que vivimos, de lo que pensamos y sentimos respecto a nuestra situación personal, familiar, laboral, etc.

2. Las crisis nos toman desprevenidos y los efectos y reacciones personales y sociales que se puedan tener, dependen de muchas variables. Indudablemente que las condiciones materiales son un factor crucial en este sentido. El nivel socioeconómico y los recursos que se tienen a nivel de salud, educación y recreación; las condiciones de vivienda y habitación (las condiciones materiales del hogar, el acceso a servicios, la densidad habitacional); el lugar en la familia (madre, padre, niños y niñas, jóvenes, ancianos), el tipo de trabajo (informal o formal, en el Estado o en la iniciativa privada); el lugar de residencia (urbano o rural). Pero también hay otros aspectos relativos a los recursos y dificultades personales, los dilemas y decisiones que la crisis impone, la dinámica y estructura familiar, el ambiente social cargado de prejuicios, desinformación o sobreabundancia de información, impactan en la forma en cómo las personas elaboran su vivencia de la crisis y en las respuestas que tienen para atender y afrontar la situación.  

3. La combinación de factores personales, familiares y sociales, hace que cada persona reaccione de forma única e idiosincrática a la crisis. Esto no significa que no existan respuestas más o menos comunes como algunas preocupaciones, ansiedades y expectativas. El temor a las consecuencias personales, familiares, sociales y económicas, la confianza o desconfianza hacia las autoridades y las medidas que se toman, son una muestra de las respuestas personales generalizadas. Pero cómo elabora cada persona su vivencia de la crisis es profundamente particular. Temor, preocupación, apatía, tristeza, aburrimiento, nostalgia, resignación o sensación de tranquilidad son parte de los sentimientos que pueden colorear la experiencia y la hacen única. Hay personas que reaccionan con mayor preocupación frente a las consecuencias sociales y económicas. Otras que se preocupan y angustian por las condiciones concretas de confinamiento y restricciones a la movilización. La convivencia familiar en esta situación y lo que supone en aspectos como el cuidado y la educación (que se recargan en las mujeres) influye profundamente en otras personas. Incluso se encuentran personas que reaccionan de forma positiva a quedarse en su hogar. Todo esto revela que no existe una respuesta única a la crisis, sino que cada quien elabora su vivencia y enfrenta su situación a partir de recursos y limitaciones personales, familiares y sociales.   

4. Pese a los efectos negativos o desestructuradores que puede tener esta crisis, también existen otros signos de esperanza y resistencia desde las personas, las familias, los grupos y los colectivos. Una respuesta que es profundamente esperanzadora es el deseo de ayudar y generar espacios de comunicación y contacto con otras personas (aunque a veces se frustre el deseo de ayudar más o más efectivamente). La misma preocupación por los demás es un signo de humanidad, de la importancia del contacto y el reconocimiento, de la sensación de que esta crisis, pese a la distancia, no la estamos llevando en soledad, que compartimos similitudes y nos diferenciamos positiva y complementariamente.

5. Reconocemos la necesidad y las limitaciones de la psicología y de los espacios institucionales para afrontar la crisis. Se debe recordar que la preparación que tenemos como país, pero también como institución educativa y como profesionales de la psicología, implican limitaciones en las respuestas, pero también ciertas posibilidades. Se debe reconocer que existen otras profesiones y necesidades que tienen una urgencia mucho mayor que las relativas a la salud mental y otros aspectos propios de la disciplina. Pero que también las condiciones particulares en las que las personas se encuentran, atraviesan y afrontan la crisis, hace necesario que se den respuestas desde la psicología. En este sentido, se necesitan organizar más efectivamente las respuestas en la atención clínica, educativa y social que se pueden ofrecer. Valoramos la continuación de la educación en forma virtual y del ejercicio de estudiantes y profesionales que realizan acciones encaminadas a ayudar y sobrellevar la situación que afrontamos. Finalmente, debemos reconocer que la necesidad de organización y reflexión (desde la psicología y de la institución educativa) señalan la importancia de lo político y de dar respuestas en este orden.

Pese a los efectos que esta crisis conlleva, mantenemos la creencia y expectativa de que también podemos salir fortalecidos. La oportunidad de ello radica en el reconocimiento y la ayuda recíproca.


UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS DE GUATEMALA
ESCUELA DE CIENCIAS PSICOLÓGICAS
DEPARTAMENTO DE PRACTICA PSICOLÓGICA
ÁREA SOCIAL COMUNITARIA


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