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Nuestras reacciones y reflexiones acerca del comunicado “Ante el Tema de los Gay en Guatemala” de la Defesoría Indígena Wajxaqib' No'j
COLECTIVA DE LESBIANAS LIBERADAS - LESBIRADAS - Guatemala, agosto de 2005

COLECTIVA DE LESBIANAS LIBERADAS
LESBIRADAS

ESTIMADAS COMPAÑERAS
ESTIMADOS COMPAÑEROS
DEFENSORÍA INDÍGENA WAJXAQIB’ NO’J:

Reciban un cordial saludo por parte de la Colectiva de Lesbianas Liberadas, Lesbiradas. Nosotras trabajamos en el fortalecimiento comunitario y la promoción y defensa de los derechos de las lesbianas guatemaltecas.

Nos acercamos a ustedes para compartir nuestras reacciones y reflexiones acerca de su comunicado “Ante el Tema de los Gay en Guatemala” del 6 de julio del presente año.

En principio, nuestra reacción fue de indignación frente a su postura discriminatoria hacia las personas de la diversidad sexual (lesbianas, bisexuales, homosexuales, transgeneros, travestis y transexuales – en la palabra de ustedes, “los gay”), ya que sentimos que dicha postura constituye una ofensa a todas las personas que luchamos por el respeto y la equidad en la diversidad, por una convivencia pacífica entre los pueblos, por un mundo mejor en donde quepan muchos mundos… sin importar la identidad sexual.

Sin embargo, después de la indignación, vino la reflexión, y nos inundaron sentimientos de profunda tristeza, ya que esta postura no fue un ataque más en nuestra contra por parte del gobierno, ni de los partidos políticos de derecha o extrema derecha, ni de las iglesias fundamentalistas, ni de las fuerzas oscurantistas como los CIACs que promueven la limpieza social en nuestra contra; sino que surgió dentro del mismo movimiento social al cual también pertenecemos.

Entendemos que ésta es una postura de su organización y no de un movimiento político, ni mucho menos de un pueblo entero, ya que la experiencia de Lesbiradas con el movimiento Indígena ha sido de encuentros respetuosos y entendimientos profundos entre quienes compartimos -desde nuestras identidades- la vivencia cotidiana de la discriminación y la violencia, dentro de un mundo que sentimos que no nos pertenece, simplemente porque ni nos refleja, ni nos avala; más bien, es un mundo que nos excluye y fomenta cotidianamente odio e irrespeto en nuestra contra.

Sin embargo -aún comprendiendo que es su opinión particular y no una postura política de un movimiento entero- nos preocupa esta situación, ya que no queremos caer en el juego en el cual nos meten los poderes de la cultura dominante, quienes querrán vernos en contradicción, creando aún más fisuras dentro del movimiento social organizado. Más bien, lo que nosotras queremos es generar un diálogo respetuoso, informativo y analítico en que tanto su organización como la nuestra podrán salir fortalecidas, y del cual, otras expresiones progresistas del país también podrán beneficiarse.

Es por ello que les invitamos a la reflexión.

Se sabe que la diversidad sexual ha existido en todas las culturas del mundo a través de toda la historia humana. Siendo una expresión más de la naturaleza y de la diversidad humana, nuestra problemática histórica no ha sido el hecho de existir, sino el hecho de vivir discriminación, exclusión, violencia y represión por ser quienes somos, dado los prejuicios generados desde la macro-cultura patriarcal, que aparte de ser heterosexista, es también etnocentrista, clasista y militarista.

Hay hechos históricos que nos marcan como una comunidad marginada.
Nuestro orgullo es grande. Nuestro sufrimiento también lo es. Por las dos cosas nos constituimos en una gran resistencia.

Entre las personas de la diversidad sexual, reivindicamos los aportes artísticos, científicos y políticos de grandes actoras y actores de la historia, como la poetisa griega Safo del siglo VI A.C., el inventor italiano Leonardo da Vinci del siglo XV, D.C. y la revolucionaria mexicana Frida Kahlo del siglo XX. Lastimosamente, la mayoría de nuestros símbolos de fuerza y sabiduría se han quedado olvidados, por no formar parte de la “historia oficial” del mundo occidental. Es allí donde también reivindicamos la participación de tantas personas anónimas de la diversidad sexual en los procesos de transformación social a través de miles de épocas de la historia humana. Por ser personas que vivimos violaciones e injusticias, siempre hemos estado entre quienes luchan incansablemente por la justicia y la paz.

También contamos con pequeñas pero importantes muestras de respeto e inclusión de la diversidad sexual en varias culturas no-occidentales. Como, por ejemplo, el lugar preferido que por siglos fue dado a personas homosexuales dentro de los pueblos indígenas de los llanos de lo que ahora se llama Norteamérica. Ellas –dicen que por sus sensibilidades especialmente desarrolladas- fueron otorgadas con el papel de guías espirituales, teniendo así un lugar importante en la cultura y en el desarrollo comunitario de los pueblos amerindios por generaciones innumerables. Esto lo celebramos.

Por otro lado, como parte del dolor milenario de la diversidad sexual, contamos con un sinfín de ejemplos de exclusión social, cultural, política y económica, especialmente dentro de la cultura dominante occidental de los últimos dos mil años, en que las iglesias institucionalizadas han jugado un papel fundamental en fomentar el odio en contra de la diversidad (no solo sexual -es de aclararse- sino también étnica, de género, ideológica, espiritual y demás). Dentro de ello, contamos con ejemplos de violencia extrema, barbarismo y genocidio, tal como fue el exterminio de homosexuales y lesbianas a la par del pueblo judío durante el holocausto de los años 40 del siglo pasado.

Todo ello, simplemente por ser quienes somos, por amar a quienes amamos y por defender nuestras identidades ante la vida.

Hoy en Guatemala, nuestra comunidad sufre, entre otros: invisibilización, hostigamiento, exclusión familiar, social y del ámbito laboral; abusos de autoridad, tortura y tratos crueles inhumanos y degradantes, violencia sexual a manos de las fuerzas de seguridad; y asesinatos crueles bajo el concepto de “limpieza social” utilizado por los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos en operación. Vivimos estos abusos bajo una manta de impunidad, ya que en términos de seguridad, no hay prevención, y desde el sistema de justicia, no hay sanción frente a los crímenes cometidos en nuestra contra.

Así que también, nuestra lucha es grande.

A pesar de creer firmemente que deberíamos gozar de los mismos derechos que goza toda la humanidad, en este momento vamos por lo más fundamental. Antes que exigir la unión libre con iguales derechos civiles entre personas del mismo sexo, estamos luchando por un respeto humano básico, en donde reine el goce del derecho a la vida, la seguridad y la integridad física. Primero es la vida misma. Después, el derecho a gozar de nuestras costumbres y que se respeten con igualdad dentro del sistema legal.

En cuanto a los lazos de solidaridad y colaboración que podemos fortalecer entre ustedes y nosotras, encontramos muchos puntos de coincidencia. Reconocemos que los pueblos indígenas han sido entre los más golpeados tras la historia humana, por sufrir maltratos, violencia, opresión, exclusión, despojo de tierras, esclavitud y hasta exterminio. Reconocemos que los pueblos indígenas –y el movimiento Maya en particular- están entre los más participativos y beligerantes en la lucha por la justicia y la paz. Reconocemos también que dentro de la comunidad de la diversidad sexual, existen personas de los pueblos indígenas (dentro de Lesbiradas, participan mujeres Mayas, por ejemplo), y dentro de las comunidades indígenas, existen personas de la diversidad sexual. Entre nosotras, están ustedes. Entre ustedes estamos nosotras.

En ese tanto, luchamos por muchos de los mismos ideales, tales como: el derecho a una vida sin violencia, exclusión y discriminación; el acceso a la justicia frente a los crímenes cometidos en el pasado; la lucha en contra de la impunidad; el acceso a una vida digna. Nos pronunciamos en contra de los antivalores neoliberales (entre ellos, el individualismo, el conformismo, la competencia y la rivalidad a todo costo) e igual que ustedes, repudiamos las expresiones actuales de la globalización (los TLC, la minería, las represas hidroeléctricas, entre otros), los cuales fomentan aún más pobreza entre las minorías y mayorías históricamente excluidas.

Igualmente, entendemos que tanto nosotras como ustedes participamos en el movimiento amplio de derechos humanos y nos constituimos como defensoras y defensores de los mismos derechos. Somos parte integral de una fuerza colectiva que lucha por crear un mundo mejor.

Para que haya paz en este país y en el mundo entero, estamos conscientes que tenemos que defender la lucha contra el racismo dentro del movimiento de la diversidad sexual y esperaríamos que dentro del movimiento Maya, se defendiera la lucha contra la homofobia, ya que el respeto por los derechos y la dignidad humana –según nuestra concepción- es universal e indivisible.

A lo mejor, el pensamiento y la palabra de ustedes difieren de esta idea. Si así es, estamos dispuestas a escuchar sus puntos de vista, siempre y cuando sea desde la equidad, el respeto y desde la dignidad. Así que, nosotras reiteramos nuestro compromiso por la erradicación del racismo y otras formas de discriminación, y les abrimos la puerta a un diálogo abierto acerca de la diversidad sexual.

A través de esta carta, compañeras y compañeros de la Defensoría Indígena Wajxaquib’ No’j, les exhortamos a poner en práctica los postulados del trabajo que implica construir la vida, la paz, la solidaridad y la libertad. Igualmente les invitamos a trabajar junto a nosotras y nosotros, por la construcción de una sociedad en armonía, diversa, libre de prejuicios, sin discriminación, sin exclusión y respetuosa de los derechos fundamentales de todas y todos.

Igualmente invitamos al resto de organizaciones de la sociedad civil, organizaciones de derechos humanos, organizaciones de mujeres y feministas, a otras organizaciones indígenas y mayas y a organismos de la cooperación y solidaridad internacional, a que se unan al llamado en contra del odio y a favor del respeto, los derechos humanos y la justicia.

Nos despedimos con mucho respeto y con la esperanza que a través de la presente carta, empecemos a construir un puente indestructible de comprensión y colaboración entre dos organizaciones comprometidas con la justicia que forman parte de dos movimientos en uno; dos mundos en uno.

Atentamente,

Colectiva de Lesbianas Liberadas Lesbiradas

Telefax: (502) 2254-7951
Telefono: (502) 5512-2348
lesbiradas@intelnet.net.gt


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