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MSICG pide la liberación de Luiz Inácio Lula da Silva
Por el Movimiento sindical, indigena y campesino guatemalteco - MSICG - Nuestra América, 10 de abril de 2018

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Durante al menos los últimos veinte años, la humanidad ha debido vivir las consecuencias de un capitalismo hegemónico que se ha traducido en un mundo unipolar en lo político, en lo económico y en lo militar, dando lugar a disposiciones, reordenamientos geopolíticos y medidas económicas que han privado a la sociedad del bienestar y generado guerras con las que se ha causado inestabilidad y la destrucción de sociedades para convertirlas de naciones otrora prósperas en sociedades destrozadas, polarizadas y obligadas a desintegrarse con la consecuente huida de sus ciudadanos ahora refugiados.

Casualmente, las guerras, ataques y medidas de exclusión se han dirigido contra aquellos pueblos y regímenes que han buscado alternativas al modelo hegemónico y se ha generado una campaña intensa a través de las corporaciones mediáticas dirigidas principalmente hacia aquellos sectores que también forman parte de familias y sociedades desintegradas y fuente de otra modalidad de refugiados, la constituida por aquellos que también se ven forzados a migrar hacia aquellas naciones consideradas desarrolladas en búsqueda de las condiciones de sobrevivencia que se les niegan en sus propios países y en las cuales deben enfrentar el rechazo y la discriminación promovida y alentada por quienes, dentro de esa misma nación, sirven a los intereses que arrebatan el bienestar en uno y otro lado.

Irónicamente, ambas categorías de refugiados huyen hacia las naciones que administran o participan de manera preferente en el modelo hegemónico que ha causado los conflictos o la miseria de la que se ven forzados a huir, y son también esas naciones las que alientan las campañas que llevan a sectores poco informados de la población a posicionarse en favor de sus propios males y en contra de toda posible solución.

La ausencia de formación y la ignorancia sistémica transmitida por el bombardeo mediático, el discurso religioso e incluso por los propios modelos educativos ha favorecido que la propiedad y administración de los intereses que han producido esa hegemonía y unipolaridad sobre los medios de comunicación masiva den paso a sociedades manipuladas y reaccionarias que al tiempo que justifican una guerra, un genocidio o ubican al mundo a un paso de un conflicto nuclear, también operan como fuerza de choque para derrocar gobiernos que están generando alguna alternativa y justifican que la politización y consecuente corrupción de los sistemas judiciales conviertan a los jueces en electores políticos y a las líneas editoriales de los medios de comunicación en tribunales de linchamiento social.

Debe llamarse la atención respecto a la evolución del mismo concepto que muchas veces no percibimos y que en un tiempo, bajo la calificación de comunista, luego de terrorista y actualmente de corrupto o partidario de la corrupción se estigmatiza en la mayoría de los casos a quienes cuestionan el modelo imperante o buscan alternativas soberanas.

En América Latina, el sistema de justicia justificó un golpe de Estado contra Manuel Zelaya; en Paraguay se utilizó para derrocar a Fernando Lugo; en Brasil para derrocar a Dilma Rousseff; con el mismo se intentó derrocar a Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, a Rafael Correa en Ecuador, a Evo Morales en Bolivia y Nicolás Maduro en Venezuela. Casualmente parece que las alternativas al modelo hegemónico y los cambios sociales para sacar de la miseria a las mayorías son el elemento común para estigmatizar y criminalizar a quienes los impulsan catalogándolos como "los personajes más corruptos de nuestra era".

Llama la atención que tanto en Ecuador, como en Paraguay, Argentina y Brasil, hayan venido al rescate de lo que llaman "democracia y sistema de justicia" personajes supuestamente "probos" que además de haber servido a los intereses que generaron la crisis y la miseria en dichas sociedades se han caracterizado por revertir todo cambio que se haya intentado implementar para devolver a las mayorías de la población el acceso a la dignidad como una vivencia real y no como mera fantasía jurídica o religiosa.

Esta misma estrategia se ha empleado para impedir la retoma de alternativas, como en Honduras que se legitima un proceso plagado de graves irregularidades para impedir un cambio que retome la senda del gobierno progresista de Manuel Zelaya y es justamente lo que sucede en el caso de Brasil en el que, Luis Inácio Lula da Silva, ha sido condenado por un único delito, el de contar con el caudal electoral suficiente para revertir en urnas el golpe de Estado operado en nombre de la "justicia" contra Dilma Rousseff.

La condena contra Lula da Silva no solo es una injusticia y un caso de enjuiciamiento mediático y de criminalización de la alternativa económica y social, es un caso de materialización de la advertencia a futuro de que cualquier intento por implementar un modelo exitoso sobre la base de la dignificación del ser humano y no sobre la base de la acumulación del capital será perseguido y cobrado a quienes osen implementarlo.

Se trata también de un nuevo ejemplo del aspecto relativo de la democracia en donde los golpes de Estado ya no se materializan a través de hombres con chafarotes y armas sino por hombres y mujeres con togas cambiando la ley por un guion y los principios jurídicos y de la propia democracia por el maquillaje y el apuntador.

La aseveración relativa a que las normas jurídicas son la voluntad de la clase dominante erigida en ley resulta hoy día más certera que siempre en un escenario en donde la administración de justicia suple, sustituye y desplaza la voluntad popular y la democracia no solo quitando a quienes se ha electo a través de la misma sino impidiendo que se elija a quienes representan un riesgo para mantener esa voluntad dominante legitimada por democracias cada vez menos creíbles.

El MSICG lamenta la situación que se vive en Brasil, la situación injusta a la que se ha sometido al Ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva y particularmente, que el mismo modelo de justicia que propició el golpe de Estado contra Dilma Rousseff se utilice hoy día para impedir al pueblo brasileño la posibilidad de elegir a Luiz Inácio Lula da Silva como su Presidente; esto, porque más allá de la valentía y trayectoria de las personas, en el fondo se trata de la privación al pueblo brasileño de la posibilidad de optar por un modelo alternativo al hegemónico que pocos años sacó a millones de personas de la miseria y demostró con éxito que lo que se necesita no es un cambio de personas sino de políticas económicas y sociales.

El MSICG expresa su solidaridad al compañero Luiz Inácio Lula da Silva y se suma a la exigencia de su inmediata liberación y confía en que el pueblo de Brasil pueda pronto recuperar la democracia, la transparencia e independencia de su sistema de justicia.

 

¡¡¡UNA SOLA VOZ, UNA SOLA FUERZA!!!


MOVIMIENTO SINDICAL, INDÍGENA Y CAMPESINO GUATEMALTECO –MSICG-


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