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El Pueblo de Guatemala no se merece otros cuatro años del peor oscurantismo
Por la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala RPDG - New York, 5 de octubre de 2007

Comunicado ante la opinión pública nacional e internacional con motivo de la segunda vuelta electoral

Durante décadas hemos escuchado el famoso estribillo de que “el pueblo tiene el gobierno que se merece”. Nada podría estar más lejos de la verdad en el caso del pueblo guatemalteco. Desde 1954 el pueblo no se ha merecido los gobiernos de derecha y extrema derecha, verdaderos gobiernos militares represivos, que la intervención de los Estados Unidos nos dejó como legado y los poderosos han seguido imponiendo. Nuestro pueblo no ha tenido la posibilidad real de elegir; se le han impuesto, gracias al contubernio de los grandes ricos, la Embajada de los Estados Unidos y los militares, y ahora con la participación de capos del crimen organizado, gobiernos que se han caracterizado por políticas contrarias a los mejores intereses de las grandes mayorías. Ante los clamores de nuestros pobres, se ha respondido con marginación, discriminación, opresión y corrupción y, en los peores momentos, con la más brutal represión.

A treinta días de la segunda vuelta de las elecciones de 2007, la población ve, una vez más, que ninguna de las dos opciones que tiene para la presidencia y la vicepresidencia sacarán a Guatemala de la ya endémica crisis social y económica, así como del más grosero estancamiento político. Compra y venta de diputados, compra y venta de votos en el Congreso y de cargos en el sistema judicial, grandes negocios en el ejecutivo, componendas con el sector privado, entrega de nuestros recursos a inversionistas extranjeros sin escrúpulos ni valores son todos males que deberán esperar cuatro años más para ser enfrentados como corresponde. Entendemos así el gran desencanto que se tiene frente al sistema electoral guatemalteco, totalmente ineficaz para cambiar la dirección del Estado.

Tenemos la responsabilidad, sin embargo, de utilizar dicho sistema electoral para prevenir que males mayores puedan aun caer sobre Guatemala. Es cierto que ninguna de las dos opciones de gobierno nos entusiasma; pero una de ellas, la del General Pérez Molina, nos da verdadero coraje. ¿Cómo es posible que diez años después de la firma de los Acuerdos de Paz, que cercenaron el terrible poder militar, amo de la vida y de la muerte, se quiera ahora traer a la presidencia a uno de los principales exponentes de ese poder? ¿Cómo es posible que se pueda olvidar, nueve años después del alevoso asesinato de Monseñor Gerardi y ocho después de la entrega del documento “Guatemala: Memoria del Silencio”, los crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos por las fuerzas armadas de Guatemala? Es ésta la razón principal para oponernos a la elección de Pérez Molina: el pueblo de Guatemala no se merece otros cuatro años del peor oscurantismo.

Si bien ninguna de las dos opciones es lo que el pueblo de Guatemala se merece, queremos señalar porqué el menor de los males es Colom:

a) Si bien no en forma equilibrada, reconocemos que el partido UNE es más incluyente de las corrientes políticas de Guatemala que el Patriota. En el primero se distinguen sectores progresistas y social demócratas, aunque también existen, en mayor número, grupos de derecha y del centro. Por esta particularidad, ante la grave situación de nuestras grandes mayorías, habrá mas oídos prestos a escuchar sus quejas. El Patriota es más la expresión de los sectores dominantes del país, los que se han olvidado siempre de nuestra otra Guatemala, la de los pobres y las capas medias.

b) Ante los problemas socioeconómicos del país, incluido el fenómeno complejo de la migración, como fórmula de escape ante la falta absoluta de fuentes de ingresos, existe mayor sensibilidad en el binomio de la UNE, particularmente en su candidato a vicepresidente. Cabe esperar que, como contrapeso al impacto negativo del TLC con los Estados Unidos, que ninguno de los dos candidatos va a poner en tela de juicio, Colom y su partido implementen políticas sociales de compensación.

c) Entendemos que el nuevo presidente de Guatemala tendrá que ponerle coto a la delincuencia y el crimen organizado. Creemos, sin embargo, que hay fórmulas democráticas para controlar la violencia, como en la Unión Europea, Canadá y varios países latinoamericanos, sin que se tenga que recurrir a los procedimientos violentos del Estado. Colom será mucho más receptivo al freno de la violencia por la vía legal y el ataque al desempleo. Pérez ofrece mano dura, que fue la fórmula de la “ley fuga” de Ubico; la cacería de delincuentes comunes que antecedió a la cacería de los opositores sociales y políticos de los 60s y 70s; la cacería de los dirigentes populares y políticos llevada a cabo por Ríos Montt y los generales represivos durante la “guerra sucia”; y los actos de la mal llamada “limpieza social” durante los últimos 10 años. No se puede llamar a los militares, retirados o de alta, para frenar la violencia que ellos mismos sembraron, cultivaron y siguen aplicando.

Por lo anterior, y por muchas razones más, los guatemaltecos y las guatemaltecas en el exterior, a quienes se nos ha privado del ejercicio del voto, hacemos uso de nuestra voz para pedir a nuestros compatriotas, tanto los que reciben nuestras remesas como a la población en general, que nos representen en el país y, el 4 de noviembre, realicen tres acciones:

1. asistan a las urnas;

2. ejerzan un voto válido; y

3. garanticen que Colom obtenga muchos más votos que Pérez.

No deseamos que hayan dudas del resultado: hay que sepultar con votos el intento de remilitarizar el país. Solidariamente con nuestra grandes mayorías,

Comité Ejecutivo de la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG):

Erasmo Morales, Presidente; Erick Valdez, Vicepresidente; Jorge Bethancourt, Tesorero; Byron Izaguirre; Aníbal Castellón; Carmen Camey; Lucìa Muñoz; Mariano Velásquez; América Calderón; Daniel Velásquez; Francisco García; Raúl Molina Mejía

Nueva York, 5 de octubre de 2007


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